¿Merece la pena?

¿Por qué hemos de entrar en ese edificio interior?

Sí, ciertamente es una pregunta que merece la pena hacerse. ¿Por qué entrar?. ¿Es necesario preocuparse por eso?, ¿no es complicarse la vida que ya de por sí tiene tantas cosas difíciles y malas?

Efectivamente, por más que intentes evitar el sufrimiento en esta vida esforzándote por apartarlo de ti, no está de mas considerar que tarde o temprano el mal te alcanzará… en eso la vida espiritual ni te va a librar ni de uno sólo de los reveses que nos aguardan a cada uno de nosotros, pero sin embargo sí diré que la vida de espíritu  te va a permitir vivir una vida plena, intensa, llena de paz interior… capaz de convertir lo malo en bueno, el sufrimiento y la contrariedad en fuente de crecimiento interior, …. y precisamente por ello no es fácil el camino, ni mucho menos el acceso, pero de lo que no cabe duda, es de que merece la pena. Pero no nos adelantemos

En primer lugar, una vida plena se nos antoja, cuando estamos en ese erial yermo que es el exterior que describíamos antes, como algo que no es factible. Hemos sufrido desengaños, frustraciones, hemos tenido que renunciar a sueños que su recuerdo nos causa malestar. Hemos sufrido, sí. La vida no es como nos gustaría. ¿Es que acaso se puede borrar eso?, ¿se puede vivir a salvo de esos sufrimientos?, ¿se puede alcanzar no sólo la plenitud , sino también el máximo potencial de nuestra persona? Sí, todas son respuestas afirmativas, pero, esto es muy importante, todas ellas son consecuencias de la vida espiritual… nunca pueden ser su fin. Pero ahora mismo, mientras estamos fuera en ese erial, sufriendo a la intemperie, el consuelo de un abrigo, de una vida en paz consigo mismo, puede ser motivo más que suficiente como para volvernos sobre nosotros mismos e intentar indagar en nuestra alma si tal suerte sería posible. Estamos cabizbajos y andamos con los ojos cerrados porque el viento y la polvareda nos impiden ver, apenas algunos logran tantear un muro de piedra…

Muchos leeréis estas líneas y pensareis que a fin de cuentas tenéis una vida plena… o al menos satisfactoria. Entre ellos debéis estar los que tenéis una vida afectiva centrada, o bien porque tenéis una pareja o incluso mejor, familia. Si vuestro concepto de amor es el correcto quizás, muy posiblemente, estáis muy muy cerca del acceso a este castillo interior, porque el amor es la puerta de entrada a este reino.

Para mí ahora resulta muy fácil definir el amor… cosa que antes me resultaba imposible. El amor es un concepto que en nuestra sociedad moderna nos induce a pensar en algo pasional, incontrolable, absolutamente sentimental que tan misteriosamente como surge puede desaparecer… el amor se acaba, se suele decir a veces. ¿Puede desaparecer el amor de una madre por su hijo? pregunto yo. Muchas veces entendemos el amor como el enamoramiento… la atracción física por una persona.. o por su carácter… pero el enamoramiento muchas veces es el simple imaginar cómo es una persona antes de conocerla realmente. Con el tiempo se rellenan las lagunas que nos parecían tan fascinantes y entonces la persona de la que nos enamoramos quizás no sea tan maravillosa y perfecta como creíamos en su día. Pero muchas veces, sobre todo en las relaciones de pareja, entendemos el amor como la media naranja, esto es, la persona con la que somos compatibles, que nos proporciona felicidad en la medida que encaja con nuestra forma de ser y de pensar, a la que aportamos y de la que recibimos. De esta manera las relaciones de pareja funcionan en tanto que la balanza de inconvenientes no pesa más que la de ventajas. Prosaico sentido del amor.  Ni que decir tiene que cuando se han sufrido desengaños amorosos ya no se ama igual. Nuestro corazón se endurece, cada vez nos cuesta más enamorarnos, somos calculadores y no nos entregamos por completo… siempre tenemos reservas e incluso somos incapaces de expresar nuestros sentimientos. Guardamos nuestro sufrido corazón en una caja de siete cerrojos. Patético.

Entonces… ¿cuál sería una definición de amor verdadero? Amar es darse, sin más. No hay condicionamientos, no depende para nada de la persona a la que se dirige el amor, en el sentido de que no espera compensaciones de la misma manera que una madre no ama ni más o menos a su hijo por las mejores o peores notas que saca en el colegio, no depende ni de la rutina o su falta, ni de como amaneció el día… ni del estado de ánimo. El auténtico amor tiene una raíz honda en nuestra alma y puede crecer con un vigor increíble que no conoce barreras. Una vez dejas brotar este amor en ti empiezas a comprender que ahí reside la plenitud en esta vida y para amar de esta manera no necesitas tener pareja, ni estar casado, ni siquiera tener amigos… porque basta que estés rodeado de gente para que puedas vivir, desear y experimentar este amor. Vivir el auténtico amor es Vivir… y solo por esto merece la pena adentrarse en el castillo, sólo por esto la vida espiritual es un tesoro. Porque adentrarse en este reino interior es básicamente, aprender a amar, a crecer en amor, y de la misma manera que un atleta hace ejercicio para mejorar su forma física, una persona espiritual habrá de hacer un ejercicio para mejorar su cualidad espiritual, su capacidad de amar. Y de esto es de lo que va a tratar este blog.

A estas alturas, si sigues leyendo estas líneas es porque aceptas la siguiente triple realidad del hombre. La cualidad física, condicionada por nuestro cuerpo, nuestra cualidad intelectual condicionada por nuestra capacidad de razonar y sentir, y nuestra cualidad espiritual que podríamos decir se halla muy vinculada a la capacidad de experimentar la plenitud… o si quieres, la felicidad y por supuesto, su ausencia, en forma de vacío, angustia…. Y si consideramos esa energía espiritual, ese alma que posee cada uno, como un simple vaso de agua… ¿cómo denominarías al océano infinito ante el cual cada uno de nosotros, si bien es semejante, no es sino ínfimo punto de referencia? Si en nuestro interior, ese simple vaso es capaz de amar de una forma pura y autentica… ¿como expresar el potencial de amor de algo que nos abarca de una manera tan absoluta? Lo que quiero expresar es que no hay medio de crecer en amor sin buscar la referencia máxima y auténtica del amor, que es Dios, ya que efectivamente, estamos hechos a su imagen y semejanza porque como seres espirituales que somos, solo alcanzamos la plenitud cuando estamos llenos de su amor.

Sí, no se puede acceder al Reino interior si no eres creyente… pero eso sólo no basta, por supuesto que no.

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2 Respuestas a “¿Merece la pena?

  1. Estoy muy de acuerdo como describes el amor, muchos piensan que es solamente entre hombre y mujer y asi como lo describes es como yo en mi interior me siento, darle amor a mis amigos y todo al que yo pueda darselo.

  2. Yo anhelo sentir amor hacia todos mis semejantes, deseo sentir especial amor por aquellos con los que he tenido diferencias y disgustos, aquellos a quienes se que no les simpatizo, al amar a los demás me amo a mi misma, pero como lo logró? como vecer el ego? por que el solo hecho de pensar en alguien me incomoda? como quisiera sentir amor por aquellos que no me simpatizan lo anhelo mucho, como lo hago???

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