Más allá de lo humano

La lagartija repta a ras de suelo, siente en su vientre el calor de la tierra y la seguridad de lo firme. Pero se esconde entre rendijas y piedras, vive con miedo y tras cada recodo halla un motivo de susto.
El águila planea alto, en los cielos, todo lo abarca con su mirada, por encima del mundo, solo el sol la supera. Y a pesar de no asirse a nada sólido, su vuelo es confiado y seguro.

Hace poco leí un interesante artículo científico. Trataba de una teoría neurológica que viene a decirnos que la capacidad de experiencia mística de las personas esta localizada en una zona primordial del cerebro. También sugería que los grandes místicos de la historia no eran sino, poco más o menos, enfermos mentales. Sin embargo la cuestión que dejaban pasar sin comentar era… ¿Qué sentido tiene que el desarrollo del cerebro humano haya propiciado  semejante capacidad de percepción si resulta que es una cualidad completamente inútil y hasta “enfermiza”?

Y es que la experiencia espiritual, llamémosla mística si se quiere, es una capacidad del alma humana que no puede desdeñarse. Acostumbrados en nuestra sociedad a considerar casi exclusivamente lo material, el ser humano de nuestros días apenas es capaz de retrotraerse, de detenerse y buscar sentido a lo que hace y por qué lo hace. Por supuesto todos hacemos las cosas con un objetivo. A lo que me refiero es que habitualmente todos damos por hecho que lo que hacemos es lo que más interesa a nuestra felicidad porque estamos tan asidos a lo material que otras consideraciones las tomamos por absurdas, inútiles. Piensa la lagartija que volar es imposible. Así en un irreflexivo seguir hacia delante buscamos lo que nos satisface, constantemente, y así nos parecemos a la lagartija, que viviendo a ras de suelo, necesita el calor de la tierra y un refugio seguro. Su campo de visión es reducido, no se detiene, no reflexiona, no toma perspectiva desde lo alto, y adherida a la tierra, sólo halla satisfacción en las cosas del mundo, las que toca y palpa, en las que se guarece y refugia, y desconoce casi por completo, que el alma humana solo se realiza en el verdadero amor…. está hecha para volar alto, muy alto.

Y esta experiencia espiritual brinda una luz y un conocimiento, una sabiduría, que implica un profundo conocimiento de nuestra propia naturaleza.

En primer lugar es el conocimiento de nuestra fuerza de gravedad interior, que nos empuja al suelo de lo material,  nuestro ser egoísta, una fuerza instintiva si se quiere, pero que abarca mucho más de lo que el instinto de supervivencia requiere. Y es esa tendencia  universal, pero ni es la única con la que contamos ni es una fuerza insuperable.

También esa experiencia nos brinda otro conocimiento acerca de nuestra naturaleza. El ser humano puede elegir el camino del Amor. Amor con mayúscula porque hablamos más bien de una actitud vital, igualmente universal, que tiene a Dios como principal foco de atracción,  que es fuente de paz interior y plenitud. De hecho la auténtica y verdadera oración tiene dos frutos principales, el primero, amansar las aguas del espíritu cuando llegan momentos de alteración, y el segundo , cuestionar nuestra vida, en lo que hacemos y sentimos, pues no se puede decir “mi corazón rebosa de amor a Dios” sin que nuestra actitud con el prójimo no esté llena de paciencia y mansedumbre, de cordialidad y misericordia, de amor, sin que en nuestra vida exista un compromiso de interesarse verdaderamente por los demás, especialmente los desfavorecidos.

Así entonces la experiencia mística no es simplemente un estado mental, algo momentáneo que nos sucede y ya está. Es más bien un proceso por el que el alma, llena de amor, de paz, de plenitud, reconduce tanto lo que somos como lo que hacemos con nuestra vida. Desconocer esta faceta humana, tan importante, es como el que voluntariamente se mutila y prescinde de brazos o piernas, o cualquier sentido principal.

Y sucede que nuestra alma se asemeja a lo que anhelamos, y así el que se sujeta a lo material y las seguridades del mundo, no llena su alma mezquina sino de temor y frustración, pues las cosas del mundo sólo dan gozos efímeros y siempre son fuente de ansiedad. Sólo aquel que se eleva con las alas del espíritu hacia los más nobles ideales y descubre el Amor es capaz de planear sobre las visicitudes de la vida sosegado y seguro, confiado en que es la gracia divina, como el aire invisible, el mejor de los sustentos.

1 Juan 4, 16; Dios es Amor, y quien permanece en el Amor permanece en Dios y Dios en él

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Una respuesta a “Más allá de lo humano

  1. Que esta hermosa la reflexion mas donde dice volar con las alas del espiritu gracias por publicar cosas tan lindas

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