La libertad

“La Verdad os hará libres”.  Pero… ¿qué tiene que ver la libertad con la recta intención?

Y, ¿cuál es esa Verdad? Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Sucede que no sólo es un mandamiento, sino que es la descripción del fin mismo con el que esta hecha el alma humana, a imagen y semejanza de su Creador. Puesto que Dios es Amor sucede que nuestra alma se realiza, se completa, cuando se entrega a ese Amor. Y sucede que este es un amor puro, es auténtica entrega, sin compensación de ningún género, algo muy distinto del impulso egoísta que gobierna habitualmente nuestra vida. Cuando en el alma nace el ansia de buscar a Dios se descubre que en cada momento del día hay dos opciones, la que nos acerca a El o la que nos aleja de El.

Hasta que no llega el momento en que en la oración empezamos a comprender esa dicotomía interior, esa posibilidad de dirigir nuestras intenciones en busca de la máxima bondad, Dios – y cuando digo Dios también estoy hablando del prójimo, de quienes nos rodean-, o encaminarlas hacia nuestro egoísta interior, Ego, no descubrimos que en cada instante de cada día, gozamos de una asombrosa capacidad de elección, ¡somos libres!, no de hacer lo que tenemos que hacer obligatoriamente, sino de elegir las motivaciones o intenciones con la que lo hacemos. De esta manera puede cambiar por completo nuestra motivación o desmotivación laboral, nuestra vida familiar, nuestra relación con nuestros amigos…. ¡todo!

Descubrir esta libertad es descubrir la sal de la vida. Cuando una persona vive atada por el Ego apenas es consciente de esto, diría que es casi imposible. Su vida está gobernada por lo que se le antoja, es el gobierno del sentido común, donde el sentido común no es sino hacer lo que más nos conviene. Puede imponerse una serie de disciplinas, llegar a  ser alguien importante o adquirir una determinada forma física, puede llevar con éxito una dieta o estudiar medicina … lo que sea, y efectivamente, somos libres para emprender esos propósitos y muchas otros, por supuesto, pero lo que no sabe hacer es cambiar el enfoque con el que realiza esas actividades y eso es algo muy importante. Por poner un ejemplo:  Si vives centrado en ti mismo sucederá que mantendrás las amistades en la medida que proporcinan una satisfación a tu ego; compartirás aficiones y buenos momentos, largas conversaciones y paseos de compras pero… te estas perdiendo algo importante. Si vives una relación de amistad sinceramente preocupado por el otro no verás a esa persona como una fuente de “entretenimiento” sino como persona, sentirás lo que siente, comprenderás y desearás que se resuelvan sus problemas sinceramente… no será una persona con la cual simplemente “te comparas” algo que el Ego no puede evitar hacer. Si esto pasa con la amistad, ¡qué decir de la vida de pareja! Con el trabajo sucede otro tanto. ¿Vas simplemente a trabajar para ganarte un sueldo? ¿No puede haber una motivación más plena? ¿No puede enfocarse hacia algo que te haga más humano a ti y a quienes te rodean? ¿Se puede vivir mejor la caridad en tu entorno laboral? Las preguntas que surgen cuando la conveniencia se centra en el prójimo son miles y las respuestas te aseguro que enriquecerán tu vida.

Así pues sucede que la vida se hace más intensa y cada momento cuenta pues empiezas a ser consciente que las motivaciones influyen y que para cada cosa existe una motivación correcta e infinitud de incorrectas y en la oración debemos sondear, conocer, cuáles son las motivaciones que nos mueven y corregirlas si fuera necesario, enfocarlas por el buen camino pues es este el único que proporciona la paz de espíritu, la vida plena.

Entonces descubrirás que es precisamente este bien que has hallado, la libertad, la que te  proporciona un nivel de conciencia superior, no solo sobre nuestros propios actos, sino sobre quienes nos rodean. Y digo conciencia superior porque por primera vez contemplas esa capacidad de elegir. Habituados a hacer lo que nos dicta “el sentido común” la mayor parte de las veces dirigido hacia nuestro propio bien o lo que nos apetece, somo incapaces de distinguir que pueden existir diferentes intenciones. Verás que un mismo acto puede proporcionarte felicidad o pesar dependiendo del ánimo con el que lo emprendiste, y que este ánimo- intención- cambiará sutilmente el cómo haces lo que haces y hasta incluso el resultado final. De la misma forma podrás juzgar y aconsejar a quienes te rodean, y no se tratará tanto de decir si una cosa estuvo bien o mal hecha, bien o mal dicha, sino de conocer la intención con la que se realizó. Una amistad puede tener un problema de pareja y la solución que te comenta será más o menos adecuada pero… ¿cuál es la intención principal con la que obra? ¿satisfacer a su pareja o a sí mismo?  Por esta misma libertad una madre o un padre puede contemplar a sus hijos como una carga -así vemos padres que se despreocupan por la educación de sus hijos o incluso los abandonan- o como una fuente de dicha, y también un marido o una mujer puede ver a su correspondiente pareja como algo que no le satisface – y así vemos tantos matrimonios rotos-  o alguien en quien volcar su capacidad de amar. Cómo cambian las cosas ¿verdad?.

Y esta amplísima riqueza en la vida es difícil percibirla fuera de la vida de espíritu.

Sigue en: Rectitud de intención

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s