Primer círculo

Las inmediaciones

A cierta edad todos hemos tenido que experimentar la Necesidad, y sobre todo, ser conscientes de ese hecho. Todos necesitamos algo y fijamos un plazo para alcanzarlo. Desde un objetivo laboral, una relación sentimental, una mejor salud… hasta cuestiones más materiales, un mejor coche o una casa más grande. Podemos echar en falta tener más amistades, ser más simpáticos, más atractivos y hermosos. Nos damos cuenta de nuestras carencias, de todo orden, y nuestra vida o bien se encamina en pos de lograr esos objetivos a fin de alcanzarlos, tarde o temprano, o bien si asimilamos que escapan a nuestras posibilidades y abandonamos prudentemente su consecución, debemos combatir pacientemente las angustias que de vez en cuando esas frustraciones acarrean.

Pero más interesante es aún la experiencia de haber logrado un objetivo importante en la vida y comprender que una vez acaparado la felicidad no la proporciona en la medida que esperábamos… todo lo contrario, debemos fijarnos una nueva meta para llenar ese vacío que de nuevo surge en nosotros, o incluso a veces es peor todavía, comprendemos que algo puede ir mal, se puede torcer, y todo el castillo de naipes que hemos erigido costosamente puede venirse abajo… y eso nos impele a seguir luchando. ¿Pero estamos siendo realmente felices así?… ¿no estamos viviendo de la esperanza de ser felices en el futuro cuando alcancemos una determinada meta?… o incluso, si nos conformamos, ¿no es cierto que nos acechan nuestras insatisfacciones y que tarde o temprano sentimos el peso de lo que no nos gusta en nuestra vida? ¿Y por qué no hablamos del mayor miedo, el del conocimiento de la finitud de nuestra existencia? Da igual cual sea nuestra situación personal, laboral, sentimental… todos estamos inmersos en un mar convulso donde apenas respiramos una bocanada de aire una oleada nos acecha y el disgusto se cierne sobre nosotros, o la insatisfacción, o… siempre hay algo.

Habitualmente esquivamos estos malos pensamientos llevando una vida ocupada. Ocupada no quiere decir que hagamos infinidad de cosas… basta con llegar a casa y encender el televisor, o la radio, o conectarse a un chat… se trata de evitar el silencio, ese que nos permite encontrarnos con nosotros mismos, porque es una situación que podemos llegar a temer. Ahí pueden surgir todos nuestros miedos, a lo que podemos perder, a lo que nos puede deparar el futuro, a lo que no me gusta de mí….todos tenemos una vida interior, ese encuentro con nuestro yo, pero tratamos de que sea lo más superficial posible, intentamos evitar el encuentro con ese yo que nos reclama más, siempre más, porque resulta incómodo y molesto. La vida interior es algo que evitamos y si acaso intetamos sojuzgar y aplacar evitando la soledad. A menudo decimos que nuestro peor enemigo es uno mismo.

Así que por convenir una terminología diré que todos esperamos cosas que esta vida nos brinde; una pareja, familia, trabajo, fortuna y salud.. amistades.. multitud de cosas que nos han de hacer percibir una existencia plena… cosas que vienen a nosotros de fuera de nosotros. Creemos que la felicidad nos la ha de proporcionar un conjunto de circunstancias que nos arropan. La felicidad… viene del exterior, aunque sea una experiencia íntima.

Me vais a permitir que me exprese un tanto enigmáticamente dado que hasta hace poco he vivido como una persona normal, sujeta a esta forma de entender la vida, que se preocupa por su porvenir y sus necesidades y que busca en el exterior todo aquello que cree le falta y le completa, tal y como acabo de describir. Desde el punto de vista espiritual esta existencia se asemeja a quien se encuentra fuera de un impresionante castillo pero que ignora por completo su existencia y que inexplicablemente, en vez de encaminarse hacia esta magnífica construcción, vagabundea por una árida llanura, siempre en sus inmediaciones,  incapaz de darse cuenta que la aventura, el camino, la vida, se halla a sus espaldas, en el interior de esa rutilante fortaleza. Es contemplar la vida pendiente del exterior, permanecer en el desértico erial, o vivirla desde tu interior y penetrar en un fascinante reino lleno de color y contrastes donde cada instante de cada día tiene sabor. Este es un símil tan claro que desde el momento que se adentra en este reino se puede distinguir aquellos que han descubierto este edificio y  han penetrado en él de los que aún siguen fuera… incluso algunos habiendo descubierto esta maravilla palpan sus paredes incapaces de dar con la puerta de entrada, porque ciertamente, es el acceso estrecho.

Como ya habrás adivinado el castillo se encuentra dentro de nosotros, es nuestra vida interior, esa que tanto nos desagrada mirar, a la que tememos enfrentarnos porque sumergirnos en nosotros mismos es toparnos con esos anhelos insaciables de los que hablamos. Y entonces digo yo, para tu sorpresa, que en nuestro interior se halla ese portento, ese magnífico baluarte, reluciente, impresionante, algo tan maravilloso que una vez descubierto no puedes sino asomarte y gritar a los que están fuera… ¿no quereis entrar aquí en vez de vagar por esas tierras yermas?, y … ¿cómo es posible semejante cosa si más bien parece que ha de encontrarse en nuestro interior la fuente de angustias y pesares?

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3 Respuestas a “Primer círculo

  1. yo estoy vagando por lo mas obscuro de este valle alejandome cada ves mas de mi y de mis seres queridos, me siento incapas de actuar y de salir de esta sombra….y cuando lo inteto solo logro caer mas bajo causado por mi desilucion aante el fracazo y hablo de la busqueda del amor, ya q en le projimo no ecunetro mas q maskaras q chocan con mis miedos y inseguridades. entonsces siento como el corazon se cierra. no C como actuar ante mis pensamientos que como bien dice el texo temo enfrentarme a mi mismo y cuando lo hago no encuentro mas q sufrimiento

    • Creo sinceramente que para muchos de nosotros, por no decir todos, es un paso obligado por el que andas tú ahora mismo. Es terrible, lo sé, pero debes aguartar. ¡AGUANTA! Debe caer todo lo que hasta ahora representaba algo para nosotros, quedarnos limpios, en blanco, abrasados y a partir de ahí, cuando sea, emprezar a vivir de nuevo, de otra forma. Es así y es terriblemente maravilloso. Es cuando dice San Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Pero, repito, el paso es estrecho y ¡¡puuuuffff!! mortal! Aguanta, hermano, que esto pasará.

  2. Qué bueno. Qué buen texto. Dar a luz a nuestro cuerpo crístico.

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