Segundo círculo

La mirada del alma y la libertad.

Cuando se accede al mundo espiritual suceden muchas cosas, se experimentan muchas consecuencias, pero quizás la más llamativa es la de adquirir un nivel de conciencia superior.Veamos qué significa eso.

Hasta la fecha se ha contemplado el mundo, la vida, las circunstancias que nos rodean, desde una perspectiva que podemos denominar humana, donde para desenvolvernos caben aplicar normal y cotidianamente los criterios de sentido común, de prudencia. La mejor norma ética en este contexto, la habitual, es la de “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran”, y basta vivir según este simple código para ser considerado una buena persona. Con él evitas los problemas, te alejas de quien consideras mala persona, y tratamos de sacar adelante los proyectos y objetivos de la vida sin causar males a los demás… y esto, como bien sabemos, en el mejor de los casos, pues en las más de las ocasiones no existen escrúpulos en causar mal al prójimo, basta atender a las noticias para constatar un mundo plagado de males causados por unos hombres sobre otros. Este sentido común mundano es la mejor opción de la que disponíamos hasta la fecha porque otras opciones sencillamente no aparecían siquiera como posibilidades.

El ingreso en el mundo espiritual cambia por completo la perspectiva de las cosas. De pronto descubrimos que da igual lo que hagamos, lo que tengamos previsto hacer o decir o pensar, siempre existen dos posibilidades; aquella que conlleva una intención recta que se inicia desde nosotros y termina en el prójimo y que en última instancia busca a Dios… o aquella que iniciada en nosotros, por buena que parezca la acción en sí misma, termina igualmente en nosotros. Así pues la primera consecuencia de la percepción de la dualidad latente en nuestro interior Dios y Ego, es la conciencia de la libertad de poder elegir cual es el fin último de nuestros actos, pensamientos y deseos. Eres libre, en cada instante de cada día, de que tus pensamientos tengan un fin que termine en Dios, -la mirada del alma se dirige hacia El- pasando por el prójimo, o que se centren en tu Ego – la mirada del alma se centra en tus necesidades y complacencias-.

Y ya que hemos mencionado las consecuencias del ingreso en la vida espiritual citemos alguna más. La segunda hace referencia a  la intensidad, porque cada instante cuenta, aunque estemos quietos sin hacer nada, puede ser un momento lleno de buenas intenciones o cargado de egoísmo. La vida de pronto adquiere un colorido inesperado, cada pensamiento cuenta, y esa turbamulta de ideas, deseos, pensamientos que acuden a nosotros en cada instante zarandeándonos, exigiéndonos e incordiándonos constantemente en cada momento de silencio, de pronto parece que no es tan caótica porque descubrimos que podemos ordenarlas y dirigirlas. No estamos rodeados por ellas, estamos por encima de ellas, y distinguimos cuáles nos conducen a Dios por encima de las olas de las que nos sumergen en las aguas.

Otra consecuencia es la humanidad. La mirada del alma dirigida a Dios nos hace crecer, nos engrandece, nos hace capaces de amar, y por el contrario si esa mirada interior se dirige a nuestro ego, nos encierra en nuestro pequeño mundo de necesidades y caprichos, de ambiciones o deseos, nos empobrece y aparta del prójimo, que es percibido como una utilidad, pesado y valorado en la medida que es capaz de complacernos y aportarnos algo; entretenimiento, compañía, prestigio… hasta una relacion de pareja puede plantearse desde esta perspectiva y de hecho al descubrir la vida espiritual te asombras al darte cuenta lo común y habitual que puede ser esta forma de percibir al prójimo. El camino de búsqueda de Dios es una camino que forzosamente nos hará más sensibles hacia los demás, es un camino cargado de humanismo y de amor puro, porque es un deseo que se inicia desde nosotros pero como hemos dicho, no espera un retorno, una vuelta de un bien hacia nosotros. La intención de complacer a Dios es incompatible por completo con esa esperanza y por eso toda obra hecha con recta intención de búsqueda de Dios es una obra de amor puro, por pequeña y sencilla que sea. No hay contrapartida ni esperanza de la misma… es como el rayo de luz, que una vez parte no esperamos volverlo a ver regresar, sino que sirve para iluminar lo que tenemos por delante.

Este nivel de conciencia ya nos era advertido por  Jesús cuando dice que no es lo que entra por la boca lo que hace malos a los hombres, sino las malas intenciones que brotan de su corazón. Así que el nacimiento a la vida espiritual implica un conocimiento de uno mismo más profundo e intenso de lo que se haya tenido nunca, porque forzosamente habrán de quedar a la luz las intenciones que brotan de nuestro corazón,  qué es lo que nos motiva, por qué, cuál es la causa de nuestras angustias y malestares, descubriremos que a veces no obrabamos tan rectamente como parecía y sobre todo, el enorme, el gran poder y fuerza que ejerce el Ego sobre nosotros y de cómo sólo la atracción que ejerce Dios sobre el alma es capaz de liberarnos de ese peso. Y es que a partir de este momento descubriras que la mirada del alma proporcionará una paz indecible cuando está fija en la búsqueda de la voluntad de Dios, y causará dolor y angustia cuando se fije en uno mismo, atraída por el Ego. Pero esta interesantísima cuestión la analizamos en el siguiente capítulo.

Curiosamente el conocimiento de uno mismo implicará una nueva consecuencia, la del conocimiento del prójimo. Porque viendo cuáles y cómo son las causas de la paz interior y de la angustia en nosotros mismos habremos de ver en el prójimo esos mismos efectos, y constataremos que no se trata de lo que se hace o se deja de hacer, sino de las intenciones con las que se hacen las cosas las que van a determinar el estado del alma de cada cual, de la paz o del sufrimiento. Así que una última e importante consecuencia de la vida espiritual es que las personas se nos volverán a nuestros ojos mucho más transparentes porque seremos capaces de no quedarnos con las apariencias, sino de conocer las intenciones, distinguiremos el amor puro de la apariencia del amor o el amor egoista, y así sucesivamente cada aspecto de la vida, por lo que estaremos en una excelente disposición para comprender y aconsejar en el sufrimiento de nuestras amistades y personas que nos rodeen.

Pero por supuesto, la principal consecuencia del acceso a la vida espiritual es la plenitud interior, una paz como nunca antes podría haberse experimentado porque no hay nada que satisfaga tanto el espíritu del hombre como descansar en Dios, y es que verdaderamente se comprende que nuestra alma está hecha a su imagen y semejanza.

Sigue en: La paz interior

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5 Respuestas a “Segundo círculo

  1. Me tocó el fondo del alma…

  2. ESTOS ARTICULOS SON DE GRAN GRAN BENDICION ME ESTAN AYUDANDO A SUPERARME MAS

  3. que gran bendición son estos artículos, me están ayudando a llenar mi corazón del amor de Dios y acercarme más a el, son una herramienta con mucho propósito!

  4. Admiro al autor de este blog. Quisiera preguntarle acerca de una gran duda que tengo:
    ¿qué hacer cuando se detecta en una persona próxima ese amor egoísta?
    ¿Tenemos que amar también a las malas personas? ¿Jesús amaba a los fariseos? ¿Cómo se logra amar lo malo?

  5. Sólo una cuestión:
    ¿cómo se ama a aquellas personas poseídas por un amor egoísta?
    ¿cómo se logra amar lo que no es bueno o incluso malo?
    ¿podía Jesús amar a los fariseos a pesar de ver claramente su maldad, su hipocresía?
    ¿no se ama solo lo verdadero? Es más, ¿no es el Amor lo mismo que la Verdad, pues al fin y al cabo, es “Amor a la Verdad? ¿Cómo amar lo falso?

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