La ecuación de la vida (I)

A menudo el triste pilar que sostiene la existencia de muchos es el saberse envidiados,… y cuando cansados de soportar su vacío interior deciden exprimir la vida y sus emociones, cometen sus más grandes errores.

Recientemente mantenía una larga conversación con un amigo, una persona de edad, inteligente y madura, cuya vida en muchos aspectos podría considerarse envidiable, pero que sin embargo me reconocía sin ambages que la insatisfacción había dominado casi permanentemente su vida, a pesar de sus innumerables logros personales y profesionales. Y este tema salía a la luz por ser un debate cerrado en falso hacía ya tiempo, de otra conversación, en la cual habíamos considerado qué o cuáles eran las condiciones que permitían a una persona aseverar que su existencia es en gran medida feliz. Tras esa charla y después de semanas sometiéndose a un crítico debate interno, que yo desconocía, había abandonado su antiguo paradigma y , sorprendentemente para una persona de avanzada edad, decidía una vez despojadas sus antiguas vestimentas intelectuales, revestirse con otras nuevas.

Y esa nueva doctrina en la que buscaba un resumen que explicara el cómo alcanza el ser humano aquello que parece tan inalcanzable se resumía en un pensamiento relativamente simple y que, dado su profundo materialismo que elude toda transcendencia,  sintetiza un punto de vista muy generalizado hoy día y al cual más de uno se aferra inconscientemente: lo importante en la vida es pasarlo bien. Obviamente este estimado señor no estaba pensando en las licencias que con tal premisa podrían tomarse y que con cierta facilidad propician conductas libertinas; pues es evidente que si tal fuera el mensaje que un padre trasmitiera a sus hijos, o un marido considerase de su matrimonio, o un empleado en su puesto de trabajo, está claro que dicho consejo parecería ir en una línea muy distinta a la que exige el cumplimiento de las responsabilidades que una persona debe atender, y es dudoso que esta vía condujera a nada bueno. Pues si educáramos a un hijo según esa premisa ¿cómo podría asimilar a la vez el valor del trabajo y del cumplimiento de los deberes?. O si un marido  o una esposa considerasen ese lema en primer termino ¿no sería raro que no abandonaran fácilmente a su pareja e iniciaran un ciclo interminable de relaciones en función de con quién se lo pasaran mejor? Está claro que se trata de una filosofía que tiene como raíz el atender una exigencia de nuestro egoísmo, el pasarlo bien y el divertirse como afán que mejor cumplimenta nuestra felicidad arrastraría  a más de uno de terrenos que en un inicio son simplemente escabrosos a otros postreros verdaderamente peligrosos. Así por la simple frivolidad se termina en la infidelidad, por la pereza en el fracaso escolar y laboral, por la embriaguez y la diversión sin más se deviene  en el alcoholismo y la drogadicción. Y podríamos seguir.

Y ambos conveníamos finalmente que era una premisa fácil… pero endeble, y que era por tanto conveniente descartarla y buscar una anclada en la verdadera sabiduría, pero no entendida esta como un simple conocimiento de carácter enciclopédico, sino como aquel conocimiento del alma humana que nos permite conocer sus resortes. Y al calor de este debate surgió la idea que da pie a este artículo: la ecuación de la vida.

Expuse esta idea para explicar el origen del sufrimiento humano -pensando sobre todo en el suyo- , de su permanente inconformidad, la característica espiritual del hombre que de forma universal, dictamina el grado de paz de espíritu, o su ausencia , en nuestras vidas. La ecuación de la vida, como en toda ecuación, consta de dos expresiones que deben igualarse para que la misma quede resuelta. Si esta no se resuelve la ecuación queda descompensada y este desequilibrio, si se me permite expresarme de esta manera, causa nuestras angustias, temores, impaciencias, depresiones. ¿Cuáles son esos términos que deben igualarse?

En primer lugar, el primer miembro de la ecuación, está representado por todo aquello que somos, tanto uno mismo con sus particulares características físicas y psicológicas, como sus propias circunstancias… su entorno familiar, su ambiente laboral, el momento histórico en el que vive, la sociedad en la que se desarrolla su existencia. Y en segundo término, la otra parte de la ecuación, está representado por todo aquello que nos gustaría que fuera nuestra vida, desde nuestro aspecto físico o psicológico- nuestra forma de ser- a todas nuestras circunstancias; familiares, de pareja, económicas, sociales… históricas.

Si uno lo piensa bien, todo sufrimiento humano surge de la discordancia entre lo que una persona desea y lo que ocurre realmente. Y esta discrepancia abarca desde el pesar por la tragedia más grande (la pérdida de un ser querido), hasta la adversidad más pequeña, (el enfado porque no se encuentran las llaves del coche). Lo importante es comprender que tras el sufrimiento y la insatisfacción se esconde una pugna entre lo que deseamos y la realidad.

¿Por qué sucede esto?

Toda persona tiene en sí un centro de gravedad. Es una característica universal de nuestra alma. Tendemos a pensar en nosotros mismos y de manera innata queremos autosatifacernos. Este poder de atracción gravita alrededor de lo que podríamos denominar es el ego. Y la satisfacción del ego cuenta con formidable dificultad, su capacidad de imaginar que todo cuanto ocurre en nuestra vida  se manifieste de la manera que más agradable e ideal que se nos antoje- no hablamos ya de los sucesos desagradables que son directamente imaginados como indeseables-. Por eso sucede que da igual cuán formidable y envidiable pueda ser nuestra vida, siempre seremos capaces de imaginar más y mejor… y en consecuencia sentirnos insatisfechos, o incluso imaginarnos que podemos perder lo ganado, y entonces sentir miedo. Este es el mecanismo que explica porqué incluso famosos y personas de éxito aparente sucumben a la tentación letal de drogas y antidepresivos.

Así pues la sabiduría implica un primer grado de conocimiento propio, aquel que se refiere a esta dinámica creadora de dolor e insatisfacción, de enfado, de miedo, de odio, de avaricia y codicia, lujuria, pereza… de todo género de malas emociones que tienen su origen en el deseo de satisfacer nuestro ego, de ver materializados sus deseos a toda costa pues caso contrario experimentamos el dolor.

No todos son capaces de reconocer esta dinámica. A menudo nuestra vida transcurre en pos de metas. De joven es difícil  comprenderla. Parece que todo está por delante; los estudios, los primeros trabajos, fundar una familia, comprar un piso… se diría que hasta que todo eso no vaya dándose no se puede ser feliz. Se vive entonces de la ilusión, que como un espejismo, acaba desvaneciéndose cada vez que parece estar al alcance de la mano …. para reaparecer un tanto más allá, materializado como una nueva meta en pos de la que ir. Muchos viven su vida así, yendo de meta en meta, como el jugador que levanta el cubilete del trilero una y otra vez, y va subiendo las apuestas -pues la vida se consume- y espera al fin acertar su premio… pero el trilero siempre te engaña, ¡puedes haber desperdiciado tu vida en un juego sin sentido! ¿merecía tanto la pena todo lo que has perseguido? Otros ven que con la edad su ánimo se vuelve rancio, pues comprenden el juego y que nunca ganarán, y esa frustración los amarga. Incluso habiendo logrado lo que pretendían… experimentan qué poco vale lo logrado cuando eres su poseedor.

Por último están los que han resuelto la ecuación…. ¿eres tú de esos?

Lucas 15, 11;13 : También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

Anuncios

Una respuesta a “La ecuación de la vida (I)

  1. Con este post me golpeaste cerca, SR.
    Recientemente he caído en cuenta de precisamemte esto , he pasado mi vida persiguiendo los objetivos que me deberían hacer sentir bien ,unos detrás de otros . Pero me siento estafado . Mirando atras ha sido como el burro persiguiendo la zanahoria atada a la cabeza. Me encuentro ahora en la dificultad de que esta verdad tenga un efecto en mi vida, sigo tropezando con la misma piedra una y otra vez. Ser consciente de esto significa que soy libre de elegir , pero es complicado cambiar . Han sido muchos años de creer sin cuestionamiento alguno todo el ideal de felicidad que he construido a lo largo de mi vida. Espero algún día resolver la ecuación. Gracias por hacerme ver que no estoy solo.
    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s