La paz interior

Una persona que ha experimentado una conversión interior hablará siempre de que hubo un cambio en su vida. Esa persona entenderá lucidamente aquellas palabras de Jesús cuando dice “Yo te aseguro  que el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios” a lo cual los judíos le preguntaban ¿cómo un hombre viejo puede volver a nacer? y es que no entendían que Jesús se refería a un nacimiento a la vida de Espíritu, que es algo tan evidente para aquel que lo ha experimentado como ingresar en esa fortaleza de la que hablábamos inicialmente, una sensación casi física porque llegará a percibir la realidad y sobre todo, las personas, de una manera muy diferente.

Sucece algo maravilloso cuando se nace a esta vida espiritual. Se disfruta de una paz que hasta la fecha resultaba por completo desconocida. Es una paz estable, de alegría fácil, que nada tiene que ver con esos momentos de felicidad que a veces nos proporcionaba una autoestima más o menos satisfecha de sí misma. Tampoco se parece en nada a esa cierta paz inestable  que se deriva de la satisfacción del que trabaja por alcanzar unas metas en su vida y que las ve más o menos factibles, que dentro de ciertas posibilidades tal vez puedan materialzarse… aunque después, una vez logradas, no sean sino un espejismo que se desvanezca y sea necesario imponerse nuevos objetivos… No, hablo de  una paz interior perenne e inquebrantable… y al principio no entendía de donde se derivaba esta enorme tranquilidad de espíritu, me llevó cierto tiempo comprender.

Sucede cuando dentro de nosotros anhelamos buscar y satisfacer la voluntad de Dios con toda nuestras fuerzas, cuando comprendemos que eso se traduce en nuestro comportamiento hacia los demás, y de lo que significa el amor en su acepción pura, que algo ha cambiado por completo en nuestro interior. Hemos suplantado al Ego como foco de todos nuestros deseos por un nuevo foco infinitamente más grande, Dios. Y ese cambio nos multiplica y nos libera… y es justamente esa libertad la que proporciona la paz.

Dice Jesús; “la verdad os hará libres” (Juan 8,31) y así es. A veces pensamos equivocadamente que se refiere a que decir mentiras supone una esclavitud y de que eso es lo que Jesús explica cuando nos dice que no debemos mentir. No, no tiene nada que ver con esto. La Verdad es que él es el Hijo de Dios, que ha venido a salvarnos y a traernos un mandamiento nuevo, el amor a Dios sobre todas las cosas, y es precisamente esta verdad la que nos libera, nos libera de nuestro insaciable Ego que es esa poderosa fuerza incansable que nos exige más, que no se conforma con nada y que no duda en hacernos sufrir mostrando nuestras carencias, limitando nuestro amor, haciendo nuestra alma mezquina porque todo le parece poco, … y no sólo es eso, también limita nuestra espontaneidad por el miedo al qué dirán, restringe nuestra forma de ser para que nadie piense que somos tontos, juzga al prójimo en función de la utilidad que nos proporciona.. y en suma, nos encierra en nuestro mundo. De pronto descubrimos que una misma acción puede hacerse con recta intención, alcanzar a Dios, hacerse con suma bondad, llena de amor… o con la intención de satisfacer nuestro Ego. Y esta percepción lo cambia todo. Abandonar al Ego es experimentar un alivio indecible… nos hemos quitado un peso de encima formidable. Por eso mismo también cobra un sentido muy especial aquellas palabras de Jesús “mi yugo es suave y mi carga ligera”.

En la misma cita de Juan, Jesús habla de que el pecado nos esclaviza, y así es como bien puede atestiguar que ha experimentado esto… luego podríamos concluir con este importante descubrimiento; todo aquello que hacemos, pensamos o deseamos cuya intención última termina en nuestro Ego nos esclaviza a la vez que nos aleja de  Dios, y es por tanto pecado en mayor o menor medida… y esta consideración nos exige mirar hacia este concepto que tan poca buena reputación tiene, el pecado, sobre todo en un mundo como el de hoy día, que tiende a atribuir este concepto una cierta idea de algo desfasado, propio de alguien con complejos, de sentiemientos de culpa y remordimientos… algo que no debe ser siquiera tenido en cuenta.

Siguiente artículo: El pecado

9 Respuestas a “La paz interior

  1. Giuliana Claudin

    Me ha hecho bien leer esta verdad en este artículo, sobre la paz interior y el vínculo del ego con el pecado, las citas bíblicas que son la base de lo que Uds. escriben son la sabiduría de Dios, me ha hecho mucho bien leerlos, gracias y hasta pronto: Giuliana.

  2. Yo si he esperimentado esto, es muy bello, y pareces que te has quitado libras de arriba, en esta era de mi vida, ya tengo la paz interior que yo he estado buscando

  3. GRacias a vos. Gracias a Dios.

  4. Carolinale_2000@hotmail.com

    Muy especial para mi

  5. Agradezco esta reflexión que acabo de leer. Cuando uno está cansado en el meridiano de la vida, después de tanto buscar y buscar…es necesario pararse en seco de uan vez por todas y replantearse el camino. Abandonar el ego…como si fuera tan fácil…quisiera saber por dónde empezar para conseguir esa paz de la que tanto habláis. La necesito para encontrarme a mí mismo de una vez por todas, aunque parezca una contradicción. Necesitaría hablar con alguien que me ayudara a encontrar mi camino. Gracias.

  6. En este momento de tanto dolor, leo estas líneas con gran satisfacción y esclavizo rotundamente a mi ego, a seguir metiéndose en mi vida, lo rechazo y lo abandono desde ya.

  7. Creo que espontáneamente pude experimentar tal liberación, fue algo digamos fortuíto despues de un sufrimiento muy grande. Me transformó de tal forma que todo cambió ante mis ojos. Pude sentir que todo absolutamente todo estaba bien. Fueron unas semanas increibles, indescriptibles, maravillosas. Una experiencia que fue desvaneciéndose poco a poco y fuí consciente de esto con gran tristeza pues no fuí capaz de retenerlo. Creí que algo tan grande quedaría grabado en mi corazón por siempre, pero no a sido así. Hoy recuerdo todo esto con gran anhelo, pero mi corazón no sabe o se resiste de alguna manera (a pesar de saber el increíble sentimiento de paz que fué) a volver a ello.

  8. Me emociona, me alegra el alma y me produce paz leer estas palabras las cuales comparto totalmente. Es una labor difícil en estos tiempos que corren pero no imposible con la ayuda de Dios practicar el desprendimiento de sí y valorar más a las personas, luchar diariamente por conseguir esa paz interior que es el mayor tesoro que podemos tener siendo la humildad y la sencillez herramientas básicas para hacer fáciles las cosas difíciles.

  9. José Manuel Aparicio

    Estoy leyendo los siete círculos, así como los artículos en donde se explican aspectos de nuestra conducta y vida espiritual; intepretaciones claras de
    pasajes del Evangelio referente al verdadero amor a Dios. La importancia de la oración personal y conocer la voluntad de Dios. El daño que nos causa el pecado a nosotros mismos. Cómo hay un tríangulo entre yo, el prójimo y Dios. Dios lo bendiga por compartir sus valiosos conocimientos con personas que queremos madurar en la fe y en la verdad.

    José Manuel Apariio
    Panamá

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s