Abandono

A menudo cuando se habla del “abandono” en terminos espirituales nos referimos al hecho de comprender que los acontecimientos que escapan a nuestra voluntad debemos dejarlos en manos de Dios,  por supuesto no de una forma irreflexiva, cómoda o irresponsable. Ante todo siempre seremos responsables de cada uno de nuestros actos u omisiones y no podemos pretender que todo se nos arregle sin emprender hasta el últerior de los esfuerzos por resolverlos por nuestra parte. Pero existe una consideración más importante cuando nos enfrentamos a las dificultades.

La principal de ellas estriba en comprender la naturaleza del sufrimiento, es darse cuenta de que cuando el privarnos de  algo o alguien que consideramos importante es causa de sufrimiento para nosotros es por la naturaleza del vínculo que mantenemos con esa persona, ese bien o ese provecho. Cuando cada aspecto de nuestra vida tiene presente la búsqueda de Dios empezamos a conocer la auténtica naturaleza del abandono, de esta actitud interior respecto a las cuestiones en las que podamos estar prendidos en nuestra vida, y esto se refiere al hecho de que este proceso de purificación que se da en este círculo consiste en santificar cada uno de esos aspectos, de comprender que adquieren su máximo sentido y esplendor en la medida que nos son útiles para acercarnos a Dios. El alma que empieza a sufrir esta revolución interna en su orden de prioridades se alborota y sufre… y puede llegar a resistirse porque no quiere verse privada de ningún bien, de una persona amada, de un trabajo que le agrada… y el aferrarse a eso es incompatible con la vida de espíritu que busca a Dios ; “no puede servirse a dos amos, o a Dios o al dinero” y cuanto antes establezca ese orden en la voluntad, en la intención y en el deseo de un alma más pronto se superará la dificultad, más plena será la vida. Y qué decir de la comparación entre la belleza de un lirio con el mejor de los vestidos del rey Salomón. Jesús nos recuerda que el Padre velará por nosotros, pero ha de vernos absolutamente desasidos de todo aquello que no sea El mismo.

El auténtico descanso o abandono en Dios ha de proporcionar siempre una absoluta paz de espíritu, y ese será el principal síntoma de que hemos hecho lo correcto, tanto en lo externo como, sobre todo, en lo interno.

Siguen en: Hágase

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Una respuesta a “Abandono

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