Cómo vivir bien la Eucaristía

¿Sabías?… los corazones cantan,… pero no utilizan palabras.

Sus himnos son melodías inefables que componen enternecedoras sinfonías

Dichoso aquel que es capaz de componer una sinfonía con las más bellas melodías que su corazón canta.

La Eucaristía es un milagro de amor, y con frecuencia lo olvidamos, y en ese olvido desperdiciamos una vida plena, llena de paz, llena de amor.

La Eucaristía es un milagro de amor, y aún así resulta a tantos aburrida y sin sentido; porque su corazón es de piedra, insensible; su corazón es mudo, incapaz de articular palabras de amor; su corazón es ciego, incapaz de percibir el amor que se presenta ante sus ojos.

Por ello, para el alma que no hace oración, sucede muy a menudo que su corazón está anquilosado. Sin vivir y experimentar la presencia del Amor en su vida, el egoísmo morderá, devorará poco a poco ese corazón hasta hacerlo pequeño y mezquino. Sin la práctica de la oración diaria… ¡qué difícil es vivir bien la Eucaristía!

Para el alma que se ha desentumecido, cuyo corazón ha experimentado el milagro de volver a latir, de volver a sentir, cuyo corazón ha empezado a balbucir titubeantes palabras de amor y cariño, sinceras y sentidas, a Dios, al prójimo, cuyo corazón empieza a descubrir el verdadero Amor, oculto a menudo en la abnegación y el sacrificio, para ese alma, la Eucaristía empieza a descubrir su deslumbrante luminosidad, su inmanente alegría.

¿Cómo vivir bien la misa? Encontrarás muchas lecturas tal vez más apropiadas que ésta que aquí se te ofrece, escritas por autores mucho más sabios…. porque el sentido de este artículo es simplemente ofrecerte un breve itinerario, muy sencillo, pero con etapas muy marcadas, para que puedas empezar a aprovechar mejor la vivencia de la Eucaristía.

Lo primero, considera que si acudes a la santa misa no vas a escuchar a un sacerdote que va a obrar un rito. No eres uno más que está en la Iglesia. No eres alguien que “está” allí… Debes ser alguien que participa, pero que participa con su corazón, he ahí el secreto que convierte la asistencia a misa en un acto pleno de amor, luminoso, rejuvenecedor del espíritu, pacificador del alma.

Participar con el corazón, tan simple… ¡y tan maravilloso! Te propongo que aprendas a entonar, de entrada, tres simples, vibrantes, y hermosísimas notas con tu corazón.

La primera nota, el dulce arrepentimiento.

Si de alguna manera alcanzas a comprender cuán lejos estamos de la santidad, de lo indigno que somos de la cercanía al Señor, de su Amor y su sacrificio, tan mal correspondido por nosotros… es al principio de la misa donde se hacen los oportunos actos de contricción. Ah, pero no los recites de memoria, siéntelos hondo, dentro de ti, pronuncia esas palabras sintiéndolas tuyas verdaderamente. Incluso antes de llegar al templo, prepárate interiormente entonando esa dulce melodía del arrepentimiento dentro de ti. Amar a Dios es amar su perfecta bondad… y qué malos reflejos de esa bondad son cada una de nuestras almas. El arrepentimiento, lejos de ser un sentimiento autodestructivo, es un deseo de recomenzar de nuevo, un levantarse e iniciar el camino más esperanzado que nunca. Que tu alma contrita sienta esa alegría de recomenzar y se llene de promesas de amor al Señor en el principio de la Eucaristía.

La segunda nota, la abandonada entrega

El segundo momento en el que el corazón canta a Dios con una nota muy distinta es en el ofertorio. ¡Qué momento de la misa tan importante! Se ofrece el pan y el vino para la Consagración… pero es ahí donde debes ofrecerte por completo a Dios, sumándote al sacrificio de Jesucristo. Nuestra vida entera, lo que somos y hacemos, nuestras legítimas aspiraciones, nuestra familia y amistades, todo lo que abarcamos, ofréceselo al Señor sinceramente para que lo bendiga y santifique. Todo está en sus manos, en El confiamos. Que esa abandonada entrega en sus manos sea completa y abundante fuente de paz interior. Nuestras alegrías, nuestros pesares… todo dolor entregado a Jesús con amor, ¡qué hermosa contribución en la redención del mundo! ¡qué gesto de amor tan hermoso entraña aceptar el dolor por amor!

La tercera nota, el glorioso amor

Y la más ensalzada de las notas con las que el corazón ha de vibrar es con la comunión. Tu alma ha de vibrar entonando palabras de gloria y amor. Aquí se concretan más íntimamente las ofrendas hechas anteriormente. Somos de El. Que esos minutos de oración que siguen tras la comunión no sean sino momentos de amor, de cercanía al Señor…. renueva tus promesas, buenos deseos, intenciones… Si algo has de pedir son las virtudes que a El le agraden. No llenes estos momentos de diálogos egoístas… ¿acaso no dejamos ya todo en sus manos cuando llegó el ofertorio? Es este el momento en el que el corazón glorifica y expresa su Amor. ¿Puede tu corazón  entonar una intensa emoción de glorioso amor capaz de sacudir hasta los mismos cimientos del templo en el que te encuentras?

Juan 15,9; Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

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Una respuesta a “Cómo vivir bien la Eucaristía

  1. Con el amor que brota de Dios Eucaristía he crecido y reconocido el valor de la vida, permitiéndome dejar por el camino cosas sin sentido que me hacían cautivo, cosas que nunca necesité, aspectos superfluos del mundo, y mucho más. Envuelto en la dureza de la desolación, abandono, desesperanza y deshumanización de pobres entre los pobres, he aprendido a ver lo que realmente es importante en mi vida. En el cuidado hacia ellos me parece percibir el rostro de Dios en muchos y, entonces, en estos casos, sé que he amado, y que aprendo a amar, amando.
    Y, para seguir amando, si se endurece mi corazón o se encuentra acurrucado cobardemente en un rincón, que Dios rompa mis puertas y entre por todos los poros de mi alma con Su Manantial de Vida.

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