Yo no soy mi ego

¿Es la gravedad enemiga del ave que vuela? Sin duda que no, pues en la naturaleza del vuelo está implicada esa fuerza. Mas, la pregunta conveniente es… si para el ave es lo natural volar… ¿enfangará ésta sus alas en un lodazal?

A menudo considero que las palabras usadas en argumentos elaborados en la materia que nos atañe resultan demasiado duras, y así, cuando nos referimos a las cuestiones del espíritu, lo apropiado sería hablar con poesía, porque de esa manera podríamos tocar las emociones, hacerlas vibrar en nuestros corazones y en consecuencia, el entendimiento sería completo, sosegado, certero.

Para abordar la cuestión del ego es imposible hacerlo sin embarcarnos en un puerto por el cual todos, de una manera u otra, hemos partido: el sufrimiento. No hay alma humana que no haya experimentado el dolor, la angustia, el temor, el miedo, la frustración, el odio, la desesperación… todas síntomas del alma que sufre.

Por muy distinto que sea el dolor que nos aqueja, permíteme que te muestre como funcionan los resortes del alma, sus secretos, porque conociéndolos comprenderás en ti mismo que poderosas fuerzas se dilucidan en tu interior, siendo, en la mayoría de las ocasiones, nosotros mismos, absolutamente inconscientes de su existencia, y lo que es peor… de su poder.

Dos personas que han perdido a un ser querido lloran. Una lo hace por compasión, deseaba el bien a la persona que amaba y se ha ido… la otra lo hace por desesperación… ¿qué será de ella ahora que ha perdido a su ser amado?

Dos personas que sufren una grave calumnia permanecen abatidas. La primera piensa en el descrédito que causará a amigos y familiares y las incomodidades que esto  generará en su entorno y esto le entristece… la segunda considera el desprestigio personal que le va a suponer y el trato que podría recibir en adelante de allegados y conocidos y esto le llena de desesperación

Dos personas padecen una grave enfermedad. La primera es un remanso de paz… la segunda un manojo de nervios

Dos personas se enfrentan a una grave adversidad económica. Una lo asume mansamente… la otra vive una situación de pesadilla

Podríamos seguir. Lo que es evidente es que ante una misma circunstancia las personas asumimos actitudes diferentes. No es que seamos distintos, sino que nuestras elecciones de cómo nos comportamos ante el dolor son distintas. Pero… ¿qué clase de elección hacemos? ¿dónde está esa libertad? ¿cómo la hallo en mí mismo?

Toda persona tiene un foco interior gravitatorio en torno al cual orbita su vida. Como fuerza tiene características muy precisas:

es subyugante… es dificilísimo apartar la atención de él,

es progresivo… cuanta mayor atención le prestas mayor es su poder

es insaciable… cuanto más le das más pide, y no se conforma con menos

es acaparador… se adhiere a todo lo que considera apetecible

es indestructible y universal… está en nuestra naturaleza, es común a todos

es una fuerza relativa… su poder depende de ti

A esta fuerza a la cual todos estamos sujetos la podemos reconocer con el nombre de ego. ¿Yo soy mi ego? No, por supuesto que no, de la misma manera que la Tierra no es la gravedad. Bien cierto que ambas están interrelacionadas, pero no son lo mismo. Así, mi yo está limitado por su fuerza gravitatoria, mi ego, que me impone multitud de restricciones que me impiden crecer e incluso alcanzar el ser en nuestro máximo potencial, en plenitud…, y conociendo sus leyes puedo reconocer el síntoma del alma cuando dicha fuerza ejerce su poder, esto es, el sufrimiento.

El ego nos hace sufrir al adherirse a deseos de… tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, en suma… cuando nos impone una necesidad que no podemos satisfacer: salud, dinero, pareja, estabilidad, prestigio, belleza, inteligencia, amistades, respeto, cariño… o por la circunstancia contraria, por algo  que temamos perder. Cuanto más vivimos para esa necesidad – nos subyuga- el ego se hace más poderoso – progresivo- y más sufrimiento causa. Da igual lo que consigamos, porque obteniéndolo, al poco, no le parecerá suficiente –  es insaciable- y creará nuevas necesidades o éstas serán mayores de lo que hasta la fecha nos había satisfecho . Cuando tu vista o tu mente se detiene en algo que considera apetecible, desde conocer a una mujer o un hombre a comprar un bien de consumo… lo que fuera,  el resorte de esta fuerza hará nacer en tu interior al menos una leve ansiedad.

Y por más que descubierta su existencia y puesta a la luz su nefasto poder sobre nosotros, quieras acabar con ella, no podrás, es verdaderamente universal e indestructible pues forma parte de la propia naturaleza del alma humana, de la misma manera que la Tierra genera su propia gravedad, está en la naturaleza de las cosas.

¿Abandonarse entonces a una sumisa resignación? ¿Sólo podemos sufrir?

¡No!, claro que no. Precisamente es la última de sus cualidades la que es más importante para aquel que empieza a descubrirse a sí mismo. Su poder es relativo, depende de … nuestros deseos.

Te hablaré del deseo.

Mira tu alma… emite unos destellos grandiosos, como imponentes focos de luz… tan poderosos que pudiera decirse que ni todas las galaxias del universo brillan como ella… si dejaras que su luz surgiera de ti…. Mas no es así, ¿verdad? ¿Qué es la luz sino la intención que brota de ti? Cuando caminas por la calle, cuando acudes al trabajo, cuando estás con tu familia… ¿no es verdad que la mayor parte del tiempo estamos pendientes de nuestra propia felicidad? ¿qué todo lo que hacemos en gran medida viene medido por este deseo de hacer lo que nos apetece y más nos conviene?… ¡qué pocas veces obramos en una intención exclusiva de hacer feliz a alguien que no fuera uno mismo! Así sucede, desgraciadamente, que nuestras almas son muchas veces oscuras fosas, en lugar de ser rutilantes estrellas de una magnificiencia tal que ni el sol pudiera comparársenos.

¿Qué es la luz, sino el amor? Sí, el amor es la intención que surge de tu corazón y no mira para sí… no queda atrapada por la gravedad del ego, sino que escapándose de él, es capaz de llegar plenamente a otro ser, al prójimo. Es la intención de bondad que llega a otro. Esta intención pura brilla con luz propia. Cuando brindas cariño sincero a tus seres amados, cuando la compasión te lleva a obrar el bien a quien no conoces, cuando perdonas de corazón y no queda ni sombra de resentimiento dentro de ti a quien te hizo mal, cuando complaces a otro y renuncias a lo que te corresponde, cuando, incluso legítimamente, no dejas que el ego imponga tus miedos y necesidades ante todo género de adversidad, por muy dura y difícil que ésta sea,  y liberas a tu alma de todo temor y angustia porque comprendes que frente a la fuerza del ego que pretende acaparar tus intenciones y deseos,- tu mirada del alma-, ésta puede dirigirse hacia lo alto, y así, en vez de enfangar nuestras alas en los lodos de los sufrimientos y angustias, podremos sentir en nuestras mejillas la cálida caricia de un tibio sol, la brisa ligera y pura que nos mece en las alturas, la fragancia de las frescas corrientes de aire que al respirarlas nos invitan a reconocer que en estas alturas es donde el alma goza, sentidamente, de su existencia.

¿Y cómo aprender a amar? Si has de buscar el Amor has de mirar con tu alma al Amor, y esto no es otra cosa que hacer oración; buscar a Dios es buscar el Amor en tu vida, en su acepción plenamente pura, absolutamente bondadosa, verdaderamente amor. Orar es dirigir el deseo mucho más allá de uno mismo, de forma universal, intentando abarcar lo inabarcable, intentando abrazar lo infinito, lo que Todo lo es, es sumergirse en el océano de Dios para dejar que su bondad y su gracia purifiquen, limpien, aplaquen, todo deseo que no sea Dios, Bondad, Amor. Esto que tan poco agraciadamente describo conforma sin embargo las más excelsas e inefables de las  experiencias que un alma puede vivir.

Es en la oración donde descubres el permanente influjo del ego sobre tu vida, y por ello, simultáneamente aprendes a crecer en amor, a liberarte de los efectos perversos del ego para pasar a llenarte de paz… ¡qué maravillosa es la vida cuando la oración se convierte en herramienta y en medio de llenarse de Amor, de llenarse de Dios!

Juan 17, 26: Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Anuncios

3 Respuestas a “Yo no soy mi ego

  1. Agradecido y asombrado:
    Los últimos cinco años (despues de la muerte de mi padre) he sufrido mucho y hasta he somatizado. Insomnio, ansiedad, depresión.
    En el fondo es la oportunidad de llegar al encuentro con Dios a través del prójimo. Ciertamente que por años he creido que yo soy mi ego y cuando he vislumbrado que mi ego no soy yo, este se ensaña y me acorrala y me enferma.

    Gracias por compartir esperanzas.

  2. Soy un transgresor por naturaleza. Mi ego es tan grande que no me permito sino acciones para satisfacerme. Hace unos meses empece a leer esta pagina, gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s