Educar en valores cristianos

Un niño, amonestado por su padre, fue a disculparse con otro al que había golpeado. Sin embargo, aunque pidió perdón, su sonrisa rebelde delataba que en su corazón no había arrepentimiento. Su padre sintió deseos de imponer un castigo, más al final se sobrepuso la compasión y lo dejó ir… pero una pregunta oprimía su espíritu; ¿Cómo mostrar el camino del amor a aquel corazón que se inclina por el mal?

Esta anécdota, cuántas veces, de una manera u otra, habrá tocado vivirla a tantos padres que se apuran, preocupados, por el rumbo y personalidad que van adoptando sus hijos, y que a través de gestos, más o menos cotidianos, de malos hábitos, de formas incipientes de empezar a pensar, no hacen sino denotar que están abismándose en el egoísmo más mortal.

Y la gran dificultad está en lo que entraña alcanzar el corazón de los niños, que desgraciadamente en nuestros días de hoy, quizás por la ingente cantidad de medios que el mundo nos brinda, procuran que desde la más tierna edad infantil, un alma quede obnubilada por un desmedido número de medios de entretenimiento. Y ante tal proliferación de la seducción, muchos niños ven sucumbir su voluntad al deseo poderosísimo de hacer, en todo momento, lo que se les antoja.

Es verdad que la naturaleza humana siempre ha sido la misma… lo que no sabría decir es si nuestra sociedad del entretenimiento es capaz de seducir a las personas hacia el egoísmo con mayor fuerza que nunca…. pero el espíritu de este comentario no es quejarse de lo mal que está el mundo… sino de proponer medios y soluciones.

Y si el mal que nos preocupa es la ausencia de valores, la primera reflexión que se nos presenta es que esta ausencia de valores no es sino ausencia verdadera de amor. La pregunta a realizar sería… ¿cómo se enseña a un niño a amar?… porque resuelta esta pregunta, descubierto que todo valor mana de una primera fuente que es el amor, parece que todo lo demás es camino fácil. Y sin embargo, cuán difícil es mostrar este camino… si ni siquiera muchos padres lo conocen, pues tantas veces es el concepto del  amor tergiversado e incluso equivocadamente presentado, de tal forma que pretender educar en el amor sería como que un ciego guiara  a otro ciego….

Y a veces, acuciado por padres que preguntan qué hacer con sus hijos egoístas, perezosos, violentos, maleducados… buscamos la solución en el premio que incentiva los buenos comportamientos, o el castigo que limita los malos, sin darnos cuenta que potenciamos la misma mala raíz del egoísmo, no llegamos al corazón del niño, no lo cambiamos… sino que utilizamos el egoísmo cual si del burro en pos de la zanahoria se tratara.

¿Y cómo cambiar un corazón? Ah… ¡ese es un verdadero milagro!, porque Dios nos hizo libres, e incluso desde  pequeños, ya ejercitamos esa libertad… y qué difícil resulta aceptar esto para un padre, que deseando el bien de su hijo, no quiere verle equivocar el camino, y así impone penas y disciplinas, que tal vez domeñen el comportamiento, pero que quizás no hagan sino alimentar la hostilidad del corazón. Y aunque no quede más remedio que el mal comportamiento deba ser limitado por castigos y normas, no podemos pensar que en ello reside la verdadera educación, porque ese niño, una vez adulto, volverá a mostrar lo que en la libertad de su mayoría de edad, su corazón ha escondido o reprimido, mientras no era libre.

¿A quién corresponde obrar entonces ese cambio… que casi podría decirse, resulta milagroso? ¿A Dios? No, el nunca coarta la libertad de nadie, ni incluso siendo niños… entonces…

Ah!, entonces recuerda que también es cierto que el alma que es capaz de hallar a Dios en su corazón emprenderá un camino opuesto a la senda del egoísmo, y tal vez sea este el verdadero y principal papel de los padres. Nadie puede llevar de la mano a nadie por la senda espiritual que nos conduce a descubrir a Dios en nuestro corazón… pero sí podemos estar ahí, y hacer compañía, y crear un hábito incipiente que de perseverar tal vez obre el milagro… la oración.

En la oración, en la medida que los niños sean capaces de que en ese breve rato, tal vez escasos cinco minutos antes de acostarse, dejen de mirar interiormente por sí mismos y se les inste a preocuparse y desear el bien a otros miembros de la familia, de sus amigos del colegio, de vecinos u otras personas del barrio… ese instante que se es capaz de dirigir la mirada del alma más allá de uno mismo y se eleva hacia Dios…, en ese excelso momento pueden ocurrir cosas sublimes, nace el amor, surge el arrepentimiento, se desea la bondad, se halla la paz… y ese momento maravilloso vale más que todos los discursos y sermones bienintencionados que jamás un padre haya podido dirigir a su hijo. Sí, en ese breve rato pueden obrarse los verdaderos milagros.

Mateo 21, 28-31: Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 

¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?



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2 Respuestas a “Educar en valores cristianos

  1. Pingback: Educar en valores cristianos (II) | Siete círculos

  2. Buen dia le doy gracias a Dios primeramente y por este blog o estos temas quer he encontrado para sporte de la educacion cristiana con valores, soy educadora cristiana y en este mundo de austeridad en el que estamos viviendo es de vital importancia tomar y retomar aun mas estas hermosas enseñanazas basadas en la educacion con valores ya que los niños (as) son esta hermosa proyeccion que nuestroo creador nos ha dado para contruccion de un mundo de un pais de una comunidad de una familia y de ciudadanos de bien etc, como cristiana me alegro de haber podido encontrar en la web estas hermosas enseñanzas que seram un sporte y apoyo en la educacion y formacion a los niños as; ya que nuestros hijos as, son el presente y el futuro del mundo, de un pais, de una comunidad , de la familia; en fin por lo tanto es responsabilidad nuestra como adultos; educar, einculcar valores y principios como aportes basicos fundamentales para la formacion de nuestros futuros ciudadanos as. teniedo en cuenta los y
    tiempos de austeridas en la que se vive a nivel global.
    El fin de la educación no es hacer al hombre rudo, por el desdén o el acomodo imposible al país en que ha de vivir, sino prepararlo para vivir bueno y útil en él”
    José Martí

    “Nuestro estudio no tiene como los otros, un fin especulativo: si hemos emprendido esta investigación, no es para llegar a saber qué es la virtud -en tal caso, nuestro estudio sería inútil-, sino para llegar a ser bueno”
    Aristóteles

    Muchas gracias Dios os bendiga

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