¿Tengo vocación?

El aguilucho, mientras permanece en el nido, nada puede por sí mismo. Ha de esperar impaciente, la visita de sus progenitores que le aporten alimento y cuidado… Así ha sido siempre…

Mas un día, inopinado, sin que nadie le empuje, echará a volar y será la más majestuosa de las aves.

He aquí, en este encabezado, una pregunta que puede convertirse en una verdadera tortura para quien se la plantee.

Y la respuesta que descubrirás aquí es un  sí rotundo; sí, tienes vocación.

De hecho, todos la tenemos. Estamos llamados a descubrir el Amor. Una experiencia que sólo puede equipararse a un nuevo nacimiento en plena vida… a partir del cual podrás contar tu edad, una nueva edad, la espiritual, por la que empezarás a madurar verdaderamente… y a crecer sentidamente, en amor.

Cuando has experimentado en ti este Amor comprendes como cada uno de nosotros esta destinado a El. Y me podrán decir cien mil argumentos científicos que me demuestran que Dios no existe, que no hay pruebas de su intervención, que todo es un fraude para sojuzgar al pueblo, que son cuentos de vieja o simple superstición… por más que injurien y difamen a la Iglesia o por más que su pueblo débil y pecador cometa los más viles errores… no podrán desenterrar de mi corazón esta experiencia, esta certeza: Dios es Amor, y nuestro destino es hallarlo en nuestra vida, y fuera de esta experiencia la vida es polvo y ceniza. Así pues… sí, todos tenemos la vocación cristiana de hallar a Dios por medio de Cristo, de descubrir que nuestra alma es esa gota de agua que ha disolverse, identificarse, fundirse… en el gran Océano.

Mas sucede que en ocasiones las personas, por diversas circunstancias, somos llamadas a un seguir a Dios con un mayor grado de compromiso, y entonces nuestra vida se topa en una difícil encrucijada.

Si por casualidad has dado con esta página y vives tu particular tormento, serénate, date un respiro. Esto que lees se escribió con el mayor cariño.

Desgraciadamente dentro de los diferentes tipos de movimientos cristianos y órdenes monásticas y religiosas de toda clase, puede existir en algunos casos, un cierto espíritu proselitista, que aunque tenga un fin que se supone es bueno, la difusión del Evangelio, el apostolado, el compartir el tesoro de la vida en Dios, descubrir el Amor en las almas… puede tergiversarse en un estrepitoso error que quedaría en un afán que, expresado burdamente, sería “captar parroquianos para mi organización”. Cuando esta intención torcida es la que rige la voluntad de una persona, no dudará en plantear insistentemente la cuestión vocacional a cuantos le rodean, cual ametralladora espiritual, confundiendo absolutamente al sujeto de la propuesta y presentando el mensaje del Jesús de una manera tan espantosamente forzada que… bueno, me imagino que Jesús veía a sus apóstoles equivocar el camino tan a menudo que un estropicio más no iba a dolerle demasiado…

Verás, ¿sabes qué es lo principal para un cristiano, sea cuál sea el camino, la propuesta, que tenga, bien por los azares de la Providencia, bien por la intervención del Espíritu Santo, ante sus ojos? Lo principal, lo verdaderamente importante, lo genuino, ¡LO UNICO!… es descubrir el Amor de Dios.

Si no lo descubres… ¿qué clase de vocación a nada podrías tener? Un ejemplo… ¿te imaginas casándote con alguien que no conoces y que tampoco quieres, con la esperanza de que algún día acabes queriéndolo y amándolo? ¿No te parece algo insensato? De la misma manera aventurarse en un compromiso para el cual no estamos preparados porque no tenemos la edad y madurez espiritual… es decir, porque no hemos crecido suficientemente en Amor, es una lotería, es precipitado, es muy arriesgado… y si tal fuera, muy posiblemente, con el tiempo, la persona acabe abandonando esa orden, movimiento o sacerdocio e incluso peor, llegue a renunciar por completo, resentido, la vida de fe. Es decir, hemos precipitado, con la “mejor de las intenciones”, a un alma en la dirección contraria, alejándola de Dios.

Lo importante para el educador, el director espiritual, que puede verse en la tentación de plantear una determinada cuestión de vocación a una persona, es discernir hasta que grado el Amor en esa persona es verdadero, auténtico, crece sinceramente… pero no medido por un estricto plan de vida que demuestra hasta que punto es estoico y decidido un hombre o mujer que persigue un determinado ideal vital, sino por lo que de plenitud y paz aporta la vida espiritual a esa persona. No porque la plenitud y la paz interior sean los objetivos, ¡sino porque son los síntomas del Encuentro! Dicho y sentido con la mayor ternura y el máximo énfasis; me atrevería a decir que lo que ha de preocupar al que sondea la predisposición de las almas, es que estas descubran, encuentren, vivan en su corazón, el amor de Dios. Hecho esto ha de darnos absolutamente igual -en relación a si siguen un camino vocacional u otro- cuáles sean los designios de Dios para esa persona.. ¡no intentemos usurpar la voluntad del Santo Espíritu! La vocación la da Dios, no nosotros… así que no se trata de arrinconar a nadie contra las cuerdas.

Ah, si tú, que te planteas la voluntad de Dios para con tu vida, aún no has descubierto este Amor, con mayúscula, te animo sentidamente a indagar en tu vida piadosa… a comprometerte en la práctica de la oración. Nunca la hagas por satisfacer la voluntad de otras personas que te la planteen como una obligación que cumplir-por supuesto que lo hacen con el mismo afán que te lo planteo ahora en estas líneas- … a lo que me refiero es que no se puede llevar una vida “piadosa” por quedar bien con quien fuere… Considera más bien que te hallas ante el más magnífico de los tesoros y si no lo vislumbras es por la ausencia de luz. Piensa que es una gran y maravillosa oportunidad… la mejor que te puedas encontrar en la vida ¡en toda  tu vida!… y se esconde, desapercibida, en tu interior. Sólo necesitas silencio y tiempo… y paciente confianza en Dios.

Y descubierto el Amor el alma se sentirá tan libre y plena que volará en dirección a Dios tan pronto como pueda, sin necesidad de que nadie diga nada… Es como el polluelo que se decide a echar a volar… Nadie le empuja, ¡es él mismo el que salta! ¡Necesita hacerlo!… y da igual la altura que tenga bajo sus alas… el vértigo y el miedo han desaparecido, es…  como si nunca hubieran existido…

Mateo 9, 37-38: Entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad, la mies es mucha, pero los obreros son pocos.  Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”

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Una respuesta a “¿Tengo vocación?

  1. Este tema: la vocacion es bastante importante. Ella viene de Dios, desde su amor; A cada uno le tiene asignada una determinada vocacion.
    Ponienendo uno algo pequeño; Dios da el resto, es descir todo lo que El quiere que seamos y hagamos nosotros (asi ha sido, es y sera).

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