El Reino de Dios

Cuántas veces Jesús miró a sus discípulos

y con palabras nacidas de su corazón

intento explicarles,

una y otra vez,

qué es el Reino de Dios…

Imaginad el brillo de sus ojos, emocionados,

trasmitiendo no una idea,

más bien un sentimiento,

que desbordaba la imaginación de sus oyentes

y alcanzaba de lleno su corazón…

Imaginad su voz vibrante,

cargada de ilusión y ternura,

capaz de conmover hondamente

a cuantos escuchaban…

¡No entendían sus palabras!

Algo nuevo se avecinaba

más lo interpretaban como un nuevo orden social

como una nueva consigna política

que resolvería sus problemas y dificultades…

Y Jesús les insistía que no debían esperar más

a descubrir que la vida es Vida

Más aún así, buscaban, como muchos hoy día,

fuera de sí

lo que sólo en el interior se halla

Una fuente de dicha inagotable

Un remanso de paz inextinguible

Y les explicaba

con palabras desbordantes de pasión…

El reino de los cielos es una minúscula semilla

la semilla del Amor a Dios

que cuando brota en buena tierra

produce fruto abundante

El reino de los cielos es como el árbol de la mostaza

que de una insignificante simiente,

Amar a Dios sobre todas las cosas,

crea un árbol capaz de albergar y dar acogida a cuantos nos rodean

El reino de los cielos es como un pellizco de levadura

por el que un pequeño cambio en nuestro interior,

hacer de la búsqueda de Dios nuestra meta en la vida,

es capaz de obrar la más maravillosa de las transformaciones

Es  también semejante a un tesoro

que una vez descubierto, para conseguirlo

se vende -abandona- todo cuanto se posee

y se convierte en lo más importante en la vida

Es también semejante a una perla preciosa

por la que se renuncia a todo lo demás

que ahora nos parece insignificante, sin brillo, muerto…

Es como el buen padre de familia

que confía tanto en la doctrina, lo antiguo,

como en su recta intención

y la inspiración del Espíritu,

ante lo nuevo de cada día

El Reino de los Cielos tiene una puerta estrecha

por la que ningún rico

es decir, aquel que viva para sí mismo,

podrá acceder

La puerta del Reino es una puerta de amor,

¡del Amor sin condiciones!

¡del Amor absoluto!

Qué lógica tan diferente,

la de este Reino,

de la del Mundo

… los últimos serán los primeros…

… pertenece a los que son humildes como niños…

… no se recompensa la eficacia, sino el amor…

Ah! todos somos invitados a descubrirlo en nuestro interior

y tantos desoímos este llamado dejándolo para más adelante!

Nada ha cambiado desde los tiempos de Jesús

Tantas veces despreciamos la maravilla

de este descubrimiento interior

por cuestiones tan despreciables, materiales, fútiles…

¡No encontramos tiempo

porque hay otras prioridades!

Y…

¿Qué es el Reino de Dios

sino nuestra propia alma

en un solaz de Paz

cuando es morada, acoge y recibe

al Santo Espíritu?

¿Qué es el Reino de Dios

sino la intimidad y el encuentro verdaderamente sentido

una dicha plena de Gozo

con nuestro maestro y amigo

Jesús?

¿Qué es el Reino de Dios

sino el descanso y refugio más profundo

que colma el alma de Amor

en el seno de nuestro Padre?

¡Qué dicha tan venturosa espera al viajero

que descubre en sí este Reino

y es capaz de recorrer

sus irrepetibles caminos!

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