Bienaventurados los pacíficos

Un artista famoso pretendía pintar un cuadro que trasmitiera a todo aquel que lo viera un profundo sentimiento de paz. Pero no tenía establecido qué pintar, así que decidió consultar al  sabio más reputado del país a fin de que le describiera qué escena o paisaje era el que más paz le inspiraba. Éste, sin embargo, tras sostener su mirada largo tiempo, le respondió de la siguiente manera: Nadie da lo que no tiene, así como nadie ama verdaderamente lo que no conoce.

Nadie da lo que no posee.
En estos tiempos de conflicto, de guerras, de enfrentamientos,
de disensión y violencia… de adversidad,
¡qué buena y necesaria resulta la paz!
Y sin embargo, de qué poca paz disfrutamos interiormente.
Olvidamos que la paz es un síntoma, no un fin.
La paz sentida interiormente como algo perenne
no es sino la consecuencia del encuentro personal con Dios,
de saber íntimamente que se le ama por encima de todo.
En ese encuentro se produce la dicha del abandono en sus manos,
y fruto de ese abandono, el alma descansa en una paz indescriptible
Con el tiempo, el alma, es como aquel niño pequeño
que sabe que cada vez que sufre un problema
su padre acudirá presto a socorrerle,
y así mismo, de esa misma manera, fruto de la experiencia repetida
crece una gran confianza en el seno de su corazón,
y aprende a reconocer que ante la adversidad,
su Padre Dios no tardará en mostrarle el camino que le conduce a El,
un sendero por el  que sólo se discurre mientras se ora…
Y entonces un alma aprende a vivir en paz
sean cuáles sean sus circunstancias.
Y cuando un alma se colma de paz
es cuando empieza a estar capacitada para darla,
para transmitir esa paz a cuantos le rodean
Y los frutos de esa paz son primero personales;
mansedumbre, humildad, confianza, seguridad, alegría…
Y después se es capaz contagiar esos mismos síntomas;
siendo primero humilde, incapaz de auspiciar enfrentamientos,
siendo capaz de perdonar, evitando todo rencor
siendo abnegado, tranquilizando las inseguridades ajenas
siendo cordial, disipando toda sombra de recelo
siendo manso, especialmente con el  violento
siendo paciente…  con el vehemente o con el necio
mostrando cariño incluso con el que le provoca
tratando amablemente al desconocido, más aún al desagradable,
buscando la justicia desde la razón esgrimida con sencillez…
estos son los que verdaderamente aman la paz
Mateo 5,9 : Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
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