El sentido de la vida

Existía un reino lleno de luz y color, pero sus habitantes vivían de espaldas a él. Siendo de noche y teniendo miedo, se habían refugiado en lo más profundo de una cueva.  Tanto se adentraron en ella que se perdieron entre sus labertínticos pasillos. Ocasionalmente, al atardecer de días despejados, el sol entraba por la abertura de la cueva, y rebotando en inumerables paredes y rocas, les llegaba un breve destello luminoso del exterior. Así los habitantes del laberinto terminaron creyendo que la  luz era una bendición efímera,  tan pronto aparecía… desaparecía. Sólo podían contentarse con esos fugaces e impredecibles momentos de dicha. Era impensable pensar que pudiera vivirse al calor de esa plácida luz.

Y así fue como el hombre se acostumbró a vivir sumido en la oscuridad…

¿Qué sentido tiene todo? ¿Qué sentido tiene nuestra vida?

Podríamos acordar que la vida está para disfrutarla. Obviamente disfrutar de la vida está asociado a hacer lo que nos place, lo que nos apetece, dar cumplida satisfacción a nuestras necesidades – de todo tipo- y el no poder cumplir este deseo es fuente de insatisfacción. Si no somos humildes en cuanto a las pretensiones que albergamos en la vida, será más difícil hallar esa sintonía entre lo deseado y lo poseído, con lo cual la inquietud vital y la insatisfacción será nuestra habitual compañera de viaje. Si somos personas sencillas en nuestras aspiraciones esta sintonía entre lo que somos y hacemos y lo que deseamos es más fácil de cumplir, y así el sufrimiento es mucho menor, e incluso se da pie a una razonable satisfacción de sí mismo.

Pero, en el mejor de los casos, siempre sucede que las circunstancias, los años, el azar… rompen ese placentero bienestar, esa dulce sintonía, y descubrimos súbitamente que vivimos en el laberinto oscuro. Nos damos cuenta, inesperadamente, que nuestro esquema de valores, nuestro enfoque de la vida, nuestro anhelo de lo que queremos , de pronto ha escapado de nuestras manos, se ha esfumado entre los cambiantes designios del destino. Y… ¡sufrimos!…. y carecemos de medios para curar ese sufrimiento. Dormíamos espiritualmente, disfrutando de un plácido sueño, y hemos sido bruscamente despertados. Y cuando abrimos los ojos del alma en busca de entendimiento, de alivio, no vemos nada  -no hallamos consuelo- porque estamos en lo más profundo de un oscuro laberinto. Y lo peor es que ni siquiera comprendemos lo que es la luz, porque ya  hemos olvidado que es algo real, pensamos que la luz -la felicidad- pertenece al mundo de los sueños.

A veces lo que nos ha despertado de nuestro plácido bienestar es la pérdida de algo que tal vez se pueda recuperar. Dificultades económicas o de todo tipo, rupturas sentimentales, falta de salud,  adversidad… entonces nos asimos a la esperanza. En otras ocasiones las pérdidas son irrecuperables y nada nos puede consolar, salvo que el tiempo nos cure amortiguando ese dolor. Mientras dormíamos carece de sentido buscar sentido a la vida porque tenemos lo que parece razonablemente sensato. No somos conscientes que tarde o temprano vamos a despertar.

Y de pronto la vida nos sitúa ante una adversidad insuperable, y ante esa adversidad nada de lo que poseemos en nuestro interior nos puede ayudar porque mientras estábamos entretenidos en la vida no nos dábamos cuenta… de que estábamos vacíos.

¿Cómo salir de este laberinto oscuro y hallar la luz , esto es, la vida plena?

El sentido de la vida es el dibujo que una persona hace de su alma. Muchas personas en vez de pintar un lienzo magnífico, amplio, impresionante, relegan esta imponente tarea al bosquejo de una pequeña caricatura. El sentido de la vida es su trabajo, el dinero, el prestigio, el conocimiento, el respeto, la diversión, el alcohol, las drogas, el sexo,…. como son pequeñas cosas, estas personas jamás se sentirán satisfechas, pero su sufrimiento será mayor cuando un día, tarde o temprano despierten y comprendan que carecen de aquello que siempre han anhelado y para lo que siempre han vivido… pese a que lo han perseguido y alcanzado infinidad de veces, nunca aquello que buscaban les colmó sino fugazmente. De ahí surge esa percepción de la paz interior, de la felicidad, -la luz- como algo efímero.

Otras personas hallan en el amor el fundamento de su sentido a la vida, y en la medida de que este afán de amor este verdaderamente encauzado hacia lo que es realmente el Amor, su vida será más plena y mejor sobrellevarán la adversidad.

Pero hay una salida a este oscuro laberinto que es el descubrimiento de la vida espiritual. Muchas personas han expresado esta salida del túnel oscuro de diversas maneras, aunque siempre girará en torno a la idea central del encuentro con Dios, el descubrimiento del Amor. Hablarán de que para ellos lo que da pleno sentido a la vida es amar la voluntad de Dios, o buscar a Dios en cada circunstancia de la vida, o  amar a Dios sobre todas las cosas… cada cual lo expresará de una forma diferente, pero sus palabras expresan, en el fondo, exactamente lo mismo.

Y es que tenemos libertad de otorgar a nuestra alma un don… o una maldición, porque al elegir cuál es el sentido de la vida para cada cual, es decir, elegir cual es la aspiración de nuestra alma, a qué fin entregamos auténticamente nuestro corazón, elegimos a la vez la luz o la oscuridad. Poner nuestros anhelos vitales, de corazón, en satisfacer la Voluntad divina es elegir la luz… pero este conocimiento es una experiencia personal, que cada cual vivirá por sí mismo en la medida de que comprometa, con autenticidad, su corazón en ello.

Y el alma humana sólo admite un único sentido de la vida… un verdadero anhelo del corazón. ¿Cuál es el tuyo?

Lucas 16:13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.

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