Testimonio

¿Qué siente un ave cuando despliega las alas tras saltar desde un acantilado y permite que el viento del litoral la eleve más y más alto, y bajo ella observa las olas espumeantes, y la violencia de las embestidas del mar sobre la costa abrupta, y la fuerza irresistible de la resaca?  Allá en lo alto… ¿qué parecen las inclemencias de la superficie?….

¿Cómo podemos sentir lo que no experimentamos?

Muchas personas perciben y entienden la fe como algo que pertenece a la esfera de lo racional, no porque sean racionalistas, sino porque no saben abordar la fe desde otro punto de partida. La premisa de esa perspectiva se corresponde a un planteamiento lógico de esta índole: ¿Qué me aportan mis convicciones espirituales?, ¿qué ventajas e inconvenientes traen a mi vida? ¿Qué implicaría en mi vivir de acuerdo a esta fe? … y todo tipo de cuestiones y preguntas. A este planteamiento racional caben dos respuestas posibles.

La primera da paso al relativismo religioso, moral, y el peor de todos, el espiritual. Se acepta una percepción espiritual pero bajo la premisa de que la espiritualidad es algo que debe ser conveniente a mi persona,” más me vale que sea algo que sea fácil de seguir”, de tal manera que mis convicciones personales se ajusten a mi particular modo de ser, y sobre todo, a mis necesidades, no vaya obligarme a algo que parezca incómodo. En la sociedad del entretenimiento y el hedonismo, la espiritualidad también puede convertirse en un bien de consumo más y mis convicciones de fe son una suerte de collage que organizo, racional y arbitrariamente, a mi gusto. Muchas personas no niegan a Dios, simplemente quieren que Dios se adapte a su forma de vida y así lo espiritual no es sino un adorno en una concepción de la vida que carece de las más mínima trascendencia. Incluso personas practicantes caen en este relativismo y dicen “creo en estas cosas pero no en estas otras…” como el que va a un super y se surte según le conviene. Así no se descubre a Dios.

Frente al relativismo racional en la fe se encuentra otra actitud, íntegra en cuanto a convicciones en el sentido que considera que lo bueno, lo idóneo, es vivir conforme a un reglamento vital, una moral que se traduce en un modo de vida, pero que por ser nacida de la razón igualmente y no del corazón, adolece de un grave, gravísimo, defecto. Porque el que se acerca a la fe desde esta perspectiva racional está equivocando igualmente el camino, y puede convertir su vida en un llenarse de prácticas y hábitos que le hagan estar más cerca de la hipocresía farisaica que de Dios. La fe sustentada en la razón es una carga durísima de llevar porque no encuentra consuelo ni alivio en Dios…. porque de hecho jamás encontrará a Dios. De la fe nacida de la razón también surgen los fanatismos y las intransigencias, intolerancias y desencuentros. De ahí se explica el mal en el mundo que ocasionan y han ocasionado las religiones, cuando estas no están gobernadas por amor desde el corazón, sino que se dirigen por la razón desde la mente, y así la fe no es sino instrumento de la ambición, del poder… o de cualquier otra intención torcida.

En el ámbito de lo espiritual debemos desasirnos por completo de la razón, porque si no lo hacemos no estaremos avanzando siquiera un sólo paso en la dirección correcta. Lo espiritual incumbe exclusivamente al corazón, en concreto, a las intenciones que nacen del corazón. El lenguaje del corazón es el deseo, la intención, los anhelos y ansias que nacen de ti…  ¿Hacía donde está mirando tu alma? ¿Hacia ti mismo y tu propio bienestar? Tal vez, entonces, no has descubierto lo que es el Amor y los pasos que des serán como el que anda perdido en un bosque, andando… sí, sin parar, pero siempre en círculos. ¿Buscas satisfacer la voluntad de Dios de corazón? Entonces sabrás por experiencia  que has emprendido un largo viaje interior y comprenderás de lo que estoy hablando. El que busca a Dios desde su corazón no podrá sino finalmente encontrarlo.

Ay… qué equivocados están los que piensan que en el ámbito de la fe no entra el corazón, el sentir,…¡La fe es el medio para descubrir el Amor! Y descubrir el Amor es experimentar la plenitud… ¿no es eso un sentir del corazón, una experiencia, un estado del ánimo…?

Muchas personas se les antoja  el Evangelio como algo oscuro porque lo leen con los ojos de la razón. Con la mente puede entenderse tal vez las palabras de Jesús, o pensar que se entienden, pero es con el corazón como puede verdaderamente desentrañarse el camino que Jesús nos muestra. Su mensaje es un mensaje de paz, de paz interior, pues no hay miedo ni conflicto interior que pueda sufrir un hombre sin que El no mostrara el sendero  del espíritu que nos conduce a El y en la vivencia de ese encuentro experimentar la paz del alma más plena y profunda, pues es en este camino donde el alma encuentra el sentido para la que fue creada.  Experimentar una y otra vez este hecho fue para mi algo absolutamente revelador, una vivencia que convierte la fe en algo sólido y tangible, que permite descubrir cuán diferente y superior es el indestructible  plano espiritual sobre el racional y el material.

Ah… pero no es la lectura del Evangelio un bálsamo milagroso que sirva para obrar un cambio en una persona como por generación espontánea. El Evangelio se asemeja a los hitos de un camino por el que transitamos, pero que por nuestra preponderancia de lo racional sobre lo espiritual, de lo sensato y conveniente sobre lo que dicta el amor, pesan de tal manera nuestros párpados que apenas nos permiten  vislumbrar los márgenes de ese sendero,… y así resulta costoso seguir el camino y es fácil perderse. Sólo en la oración el alma es capaz de imponerse a la razón y entender lo que de otra manera es incomprensible. Sólo en ese momento nos ponemos en manos de Dios y su gracia puede obrar en nosotros. ¡Ojalá pudiera en cada instante de mi vida ver, sentir y hablar rectamente con el corazón e impedir que mi mente lógica y mi sentido común tomaran el mando! ¡Ojalá fuera capaz de vivir cada instante de mi vida consciente de mi mirada interior en Dios! ¡Cuán dichosa será la vida del que es capaz de permanecer en esa perspectiva de la existencia en todo momento! … Pero al menos cuento con ese rato de oración diario en la cual entra algo de luz en mi interior, la suficiente para redescubrir el camino y retornar a él.

Ese es mi testimonio. No puedes descubrir el camino a Dios ni experimentar la dicha del encuentro si no lo buscas decididamente en tu interior a través de la oración, si no saltas por encima de tus convicciones racionales y te sitúas en el plano espiritual y desde allí dejes que tu alma clame, gima, por el nacimiento del deseo que como el viento que permite planear a un ave hacia lo alto, así mismo eleve tu alma ; y este viento es el deseo de Dios, de amarlo sobre todo… sobre Todo.

En esta experiencia y en ese encuentro interior se halla la raíz de la verdadera fe… algo que es …inefable.

Lucas 3, 22: Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

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