Amor perfecto

El alma es como un espejo.

La mirada del alma es la intención, y el lenguaje que utiliza es el amor,  y así, cuando el alma habla, se  ilumina y resplandece…

Pero no porque seamos lámpara, sino porque en el amor, el alma mira a Dios…

y como el espejo que refleja el sol, así brilla el alma en el amor.

Todos somos capaces de conocer y vivir en nosotros el Amor perfecto.

De hecho, si lo hiciéramos, nuestras vidas serían plenas, llenas de paz, dichosas… y no hablo de momentos o instantes fugaces, hablo de un fruto perenne del corazón que siempre colma.

Y el gran obstáculo para entender el Amor Perfecto somos nosotros mismos y nuestra pobrísima idea de lo que es el amor.

Pensamos que el amor es algo que se circunscribe al ámbito de la pareja…

Pensamos que el amor abarca, como mucho más, a familia y amigos íntimos…

Pensamos que el amor es el dar para recibir…

Pensamos que el amor es lo que sentimos…

Pensamos que el amor es algo que viene y se va…

Pesamos que… ¡el amor se acaba!

Y de estas funestas concepciones de lo que nuestra alma puede ser surgen vidas pobres, plagadas de altibajos, en las que somos marionetas de nuestras circunstancias, reímos cuando toca reír y lloramos cuando toca llorar, en función de algo tan aleatorio y circunstancial como son los sucesos que nos acompañan en la existencia… cada día echamos la ruleta a rodar a ver qué sucede y en función de los acontecimientos pensamos que hemos tenido un buen día … o uno malo. Así es la vida de quienes desconocen el Amor.

Porque nuestra alma esta hecha para amar, y de la mutilada idea que tenemos de lo que es el amor quedan nuestras almas recortadas y empequeñecidas…. casi vacías. ¡Sí, el Amor es infinitamente más grande que las pobres concepciones que acabamos de relatar!. ¡Ah, la desconocida realidad espiritual de las personas! Ojalá pudiera clamar al mundo entero lo que esto representa… pero, simplemente puedo desear que tú, ocasional lector de estas líneas, puedas sentir una vaga inquietud, una leve curiosidad por algo que se esconde en su interior, capaz de transformar por completo tu vida y llenarte de dicha…

Pero sigamos conociendo al Amor por lo que no es.

El Amor deja muy atrás a lo que se considera  ser personas de “buen corazón” pero que contemplan la vida pasivamente, sin actuar,  y también deja atrás, muy muy atrás, al mero altruismo o filantropía.

El altruismo tiene muy notables y meritorios logros. Es, a fin de cuentas, un esfuerzo por ayudar al prójimo, a aquel que no es nuestra familia o amigo, y por ende implica una mayor grandeza interior… pero es un intento que adolece de imperfecciones porque no tiene la luz de Dios en su seno, y es por tanto, un amor imperfecto. Vamos a intentar entenderlo porque su comprensión nos acerca un poquito más a la verdad de lo  que es realmente el amor.

El altruismo -sin Dios- mira el bien de las personas, pero al carecer de la visión espiritual, recae exclusivamente en el aspecto práctico del deseo de hacer felices a los demás, y así el altruista convierte su impulso en mera ayuda. El prójimo se convierte en un ser que va a ser ayudado desde una posición de “superioridad” -yo tengo un bien que voy a donarte-, no en una dimensión afectiva, sino eminentemente práctica, material. No veremos a un altruista visitando enfermos, presos, huérfanos, ancianos… sino acaso aportando fondos, poniendo vacunas… que por supuesto, es muy meritoria labor,… pero incompleta en el amor. No pretende llegar al corazón de las personas sino resolver sus problemas circunstanciales. De ahí surgen precisamente muchas de las grandes frustraciones de profesionales que se dedican a esta labor y que tantas veces he conocido … y es que en esta vida, en muchas ocasiones, las circunstancias son simplemente insalvables. La frustración interior surge de la imperfección de su amor, porque del Amor perfecto nace una perfecta compasión, un sentimiento pleno que anima a seguir dándose, que convierte al ayudado en hermano, y así el que ayuda tiene vocación de servir, y aunque aporte bienes materiales, da muchísimo más, da el amor que brota a raudales de su corazón… un amor que no puede comprarse, ni valorarse, ni medirse y que trasciende los límites  que imponen las circunstancias de la vida.

Por otro lado el altruista entenderá que frente al oprimido que intenta ayudar existe un opresor que sojuzga. En su posicionamiento junto al oprimido el opresor se convierte en enemigo, adversario, oponente. Su capacidad de amar es parcial. Muchos se escandalizarán al leer esto, pero sucede que el verdadero amor mira con el mismo cariño al oprimido que al opresor. Cuando Jesús hablaba en su sermón de la montaña del amor nos recordaba de mil maneras cómo es ese amor:  “Habéis de amar a vuestros enemigos pues ¿qué mérito tiene amar a los que ya nos aman?”  Y mientras lo crucificaban pedía el perdón desde el fondo de su corazón… ¡para sus verdugos! ¿Puedes imaginar ese amor tan poderoso y universal y perfecto que incluso a los enemigos quiere por igual? ¿No nos decía Jesús que Dios hace brillar el sol sobre justos e injustos? Ese es el Amor Perfecto, que a todos ama por igual, poderosisima fuerza interior que  hace al alma indestructible, llena de paz , alegría, serenidad… en todo momento y lugar. ¿Cómo sería poseer tal capacidad de amar en tu vida?

Así es el Amor, a todos abarca por igual, a todos desea la mayor bondad de la que se es capaz, descubre tras cada persona un alma semejante, idéntica a la nuestra, que puede sufrir o ser feliz de la misma manera que uno mismo. El conocimiento del Amor derriba las barreras entre personas porque nos descubre que no somos islas independientes: somos idénticos, creados por igual, a imagen y semejanza de Nuestro Padre. El Amor tiende puentes hacia los demás, a todos quieres llegar. Habla el idioma del corazón, que siempre se entiende. A todos iguala, pues no distingue diferencias por edad, sexo o condición. La apariencia de las personas se desvanece y sólo ve las almas desnudas, su sufrimiento o su felicidad… su capacidad de amar, … y entendiendo esa capacidad ofrece un alivio, porque muestra la senda hacia Dios que restituye la paz interior.

En el amor perfecto no hay espera de nada, contrapartida  ninguna, promesa de gratitud, contrapeso a nuestro sacrificio. El amor es gratuito, el amor es anónimo, el amor es desinteresado, en el amor ni siquiera hay esperanza de sentirte bien, sólo de hacer feliz a otra persona, … de ser cauce, instrumento, del Amor de Dios. Cuando ésta es tu recta intención, el sentimiento del amor es puro e inefable.

¡Ah!, si pudieras hacerme caso aunque fuera una vez y  demostrar ese amor que describo por alguien que conoces, de manera tan desinteresada y anónima que supieras que sólo Dios ha visto tu acto y tu intención… entonces, sólo entonces, comprenderías de lo que estoy hablándote. Entonces comprenderías el sentimiento puro del amor, que no es exclusivo de tu pareja a la que amas, de la familia a la que quieres, de los amigos a los que aprecias… esos sentimientos los puedes reforzar, robustecer, hacer crecer haciendo sus raíces más profundas, y sobre todo, puede ser universal, hacia todos en todo momento. He ahí el secreto de la plenitud:  el amor vivido como una experiencia permanente en ti.

El amor perfecto produce la inmediata renuncia a uno mismo, o lo que es lo mismo, el desprendimiento de nuestro egoísmo,… con todo lo que ello implica; abandonar la imagen ideal de nosotros mismos que queremos mantener frente a los demás, y con esto se desvanece el orgullo, la soberbia, la incomprensión, la arrogancia…. se disuelven  las apetencias insaciables del egoísmo y  los sufrimientos y frustraciones que provoca, el miedo y las enemistades que crea…se terminan los enfados, melindres y rabietas por exigir un trato exquisito de los demás,….cesan las envidias, murmuraciones, e intrigas….  toda esa maraña de venenos y angustias caen de nuestra alma como si fuera una fúnebre mortaja que nos impedía respirar y resplandecer. El ego y sus trampas quedan tan evidentes a nuestros ojos que la vida se hará radicalmente diferente. Vista la luz, huirás de las tinieblas.

El descubrimiento del amor, del perfecto amor, nos traslada al plano espiritual de la existencia, ese acceso estrecho, minúsculo, que existe en el interior de todos nosotros, que una vez traspasado nada vuelve a ser igual. En esa percepción de la existencia en la que el alma se llena de amor, se desborda, y una fuerza poderosa te impele a compartir, a llegar a las profundidades del alma de tus hermanos, para sacarlos de las tinieblas de los que desconocen el Amor.

Si te preguntas por qué aún no has descubierto esa realidad interior te cuestionaré lo siguiente: ¿cómo percibes… qué es para ti, el amor?… porque, ¿cómo podrás descubrir lo que hay más allá de él si la abertura que hay en tu corazón es tan ínfima que el paso es imposible?  Y…¿cómo podrás arder, llenarte de amor, conocer el sentido de la vida, si careces del fuego capaz de prender en ti? Porque la llama inicial, con lo que todo arde, no es otra cosa que el amor…. el perfecto Amor.

El Amor perfecto es buscar a Dios,…  encontrar a Dios,….  amar a Dios sobre todo.

Mateo 5, 48: Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto

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2 Respuestas a “Amor perfecto

  1. Pingback: Amor a sí mismo « Siete círculos

  2. Una muy bella reflexion para un amor perfecto, que vivie en todos nosotros a veces no lo vemos o no queremos verlo, pero esta ahi y espera por nosotros.

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