La felicidad no se busca, se encuentra

Un hombre buscaba afanosamente una dirección en una ciudad  que visitaba por primera vez. Preguntó a un transeunte que rápidamente le indicó cómo debía avanzar un determinado número de calles para girar a la izquierda, y después de cruzar un parque girar a la derecha y avanzar unas manzanas más. Después de un rato caminando, sintiéndose nuevamente desorientado, tuvo que preguntar a una señora, y al poco rato a un anciano… Cuantas más indicaciones recibía más lejos parecía hallarse de su destino y más complicado se antojaba  lograr su meta, y es que sucedía, que aquel hombre, no distinguía su mano derecha de su izquierda.

Todos tenemos una existencia espiritual, es el plano en el que nos sentimos felices o desgraciados. Sin embargo, así como conocemos las reglas de juego del mundo material, en las que por ejemplo, una persona trabajadora puede salir adelante más fácilmente que si no lo es, o saber desenvolverse en el sofisticado mundo tecnológico en el que vivimos, sucede que en este plano que menciono, el espiritual, a menudo desconocemos por completo cómo funciona, cuáles son sus reglas de juego.

En el plano espiritual no hay un conocimiento cierto y absoluto… o al menos eso nos parece… pero es pura apariencia, en el fondo somos todos iguales. Lo que ocurre es que las vivencias personales de cada individuo  son intransferibles por más que las intentemos plasmar a través de libros, biografías o… blogs.  Pueden servir de orientación, pero incluso así, ¡qué difícil es transmitir algo! … porque incluso sabiendo el camino, puede sucedernos como al protagonista de nuestro relato, desconozcamos por completo cuáles son las señas por las que movernos en la vida espiritual. Y así, aunque un autor nos indique los pasos a seguir… nos perderemos porque no distinguimos la izquierda de la derecha, es decir, en nuestro caso, no distinguimos cosas tan absolutamente dispares como Fin y Consecuencia, y eso tiene importantes repercusiones, como ahora verás.

Todos buscamos la felicidad. Es un anhelo tan poderoso que en último termino no hay nadie que no diga que no quiere ser feliz. Es fácil concluir, si analizamos nuestra filosofía personal, que el FIN de nuestra existencia es alcanzar la felicidad y permancer en ese estado o cercano a él, el mayor tiempo posible. Sin embargo el plano espiritual no funciona con la lógica humana, con la lógica material. El sentido común nos dicta que si quieres un objeto acudes a la tienda correspondiente y pagas por él, con lo cual te haces con aquello que deseabas. Ese sentido común aplicado a la vida espiritual obtiene muy malos resultados porque la lógica espiritual es completamente diferente a la lógica mundana. En la vida de espíritu, tanto la angustia como la felicidad son CONSECUENCIAS, nunca el fin en sí mismo. ¿Qué significa esto? Significa que lo que haces en tu vida normal, y esto abarca no sólo tus obras, sino tus deseos e intenciones, tienen un reflejo en tu plano espiritual provocando un estado, de angustia o felicidad, de satisfacción o insatisfacción.

Atrapados por la lógica del sentido común nos afanamos en conseguir cosas que pensamos nos van a procurar la felicidad. Identificamos con la felicidad una serie de posesiones, atributos, circunstancias que obtenidas nos la proporcionarán. Pero atendemos al sentido común, no a nuestra necesidad espiritual, con lo cual nunca obtenemos permanente satisfacción, ni paz interior, o plenitud… Eso sucede incluso en la vida espiritual, hay quien busca a través de la religión, de la fe, o incluso acudiendo a sectas o creencias particularísimas, la felicidad… y por la misma razón anterior, equivocan el camino. Y es que una de las principales reglas de la vida espiritual es que la felicidad, como FIN en sí mismo, es inalcanzable. Cuanto más obstinadamente la persigas, más esquivamente te rehuirá.

La felicidad es una CONSECUENCIA… pero… ¿de qué?

En ocasiones todos nos hemos enfrentado a la tesitura de resolver un problema, por ejemplo, montar un armario, y contamos con la ayuda de un manual de instrucciones. No siempre, pero en alguna ocasión logramos seguir al pie de la letra el procedimiento y al final, con gran satisfacción, observamos que hemos logrado montar o configurar algo que funciona para lo que estaba fabricado. Así, si logramos que funcione un aparato o un mueble para el fin para el que fue adquirido sentimos que nos es útil, pero si no lo conseguimos además de una frustración, nos parecerá que el artilugio en cuestión es la cosa más inútil que imaginarse pudiera y que el artefacto y nada es lo mismo. Con nuestra alma sucede otro tanto. A veces pretendemos usarla de cualquier manera, hacer que se sienta feliz con cosas para las que no está preparada, para las que no está “fabricada”… con lo que acabaremos teniendo una gran sensación de vacío porque por más que nos guste algo y nos apasione, y volquemos nuestra vida en ello, difícilmente esa pasión podrá trasmitirnos una verdadera plenitud si no estamos empleando el alma para aquello para lo que fue creada.

Y… ¿ para qué estamos hechos?

Para amar.

Pero no el amor que se nos vende a diario a través de los medios de comunicación, ideologías y titulares de libros de autoayuda. Hablo del verdadero Amor.

De hecho el verdadero amor consiste en darse en los demás, sin pensar para nada en uno mismo… curioso, porque cuánto más rectamente sea tu empeño en este sentido, cuánto más pienses en la felicidad del prójimo y menos en la tuya, más cerca estarás de alcanzar tu propia felicidad, que no será sino una consecuencia de vivir verdaderamente en el amor. No te engañes. El buscar la rectitud de intención de la que hablo no es tarea fácil, ni muchísimo menos resulta algo espontáneo, más bien diría que es algo en extremo dificultoso. Puede que tus circunstancias personales, tu forma de ser,  sea un buenísimo punto de partida, pero eso no quiere decir que no puedas mejorar y crecer interiormente… todos podemos y todos debemos. Para ello, sea cual sea tu estado inicial, se requiere un entrenarse y un aprendizaje. ¿Dónde y cómo? En este blog encontrarás que todo está orientado a explicar ese camino. Habrás de buscar a Dios, que es Sumo Amor, en el silencio de la oración… en ese silencio El te mostrará  la manera de aprender a Amar. Dando sentido a aquello para lo que nuestra alma fue creada es cómo sentirás que tu vida se colma.

Así sucede que la felicidad no se busca… se encuentra.

Mateo 13, 44:  Además, el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo, y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

Son muchas las entradas en las que se habla de este amor verdadero. Aquí te sugiero algunas.

El secreto del amor

El compromiso raíz del amor

Cómo llenar tu vida de amor

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2 Respuestas a “La felicidad no se busca, se encuentra

  1. Muy interesante tus puntos. El silencio es muy importante para encontrarnos espiritualmente. Estan muy buenos tus posts!

  2. La felicidad no es satisfacer los gustos o los deseos. No es solo tener cosas materiales, ni unicamente realzarme en algo.
    La verdadera felicidad llenarse de plenitud de …. que?.
    Sin duda que a la plenitud de ese algo, se llega mediante el amor de Dios y a Dios, y como? . Creo que hay mas de un cmino. Tendremos que recorrerlos . DIos es el camino, la verdad y ………

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