El camino de regreso es la humildad

Qué fácil es darse de cuenta de cuán imperfectos somos,

qué inconstantes en los propósitos,

vulnerables a multitud de fallos cuando nos relacionamos con los demás,

por soberbia, por impaciencia, por egolatría

incapaces de ser sinceros incluso con nosotros mismos

incluso al buscar el bien podemos buscar nuestra conveniencia,

seguimos los dictados de nuestra vanidad y nuestro orgullo,

fallamos en los compromisos que adquirimos con Dios

y nos fallamos a nosotros mismos

He ahí nuestra indignidad.

Y sin embargo El nos ama, tal y como somos

de una manera que no podemos ni imaginar

Pero entonces, ¿cómo prosperar en el camino de búsqueda de Dios

si no hacemos sino tropezar, salirnos del camino, equivocarnos?

El camino es sencillo de seguir.

En comprender y asumir nuestra vulnerabilidad estriba la adquisición de la humildad.

La humildad abre la puerta del arrepentimiento sincero,

el único acceso que te permite regresar al verdadero camino.

Si buscas la perfección por tus propias fuerzas

encontrarás que tu soberbia te tiende una trampa

de la que no podrás escapar,

pues no eres perfecto,

y ante esa verdad dolorosa,

y tu propia fragilidad

el camino te conduce a un desierto,

el de la desesperación.

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