Cinco panes y dos peces

El muchacho se sintió cohibido. De la multitud se había erigido en inopinado protagonista, era el único que tenía algún alimento en el zurrón. Bien sabía él que más de uno se guardaba a escondidas algo para comer, pero sólo él, joven y despreocupado de sí, había tendido ingenuamente su zurrón con su escaso contenido. Era sólo un gesto desde luego, un gesto inútil seguramente, pero de entre todos los miles allí congregados, parecía que era el único que había entendido algo de lo que el maestro enseñaba.

Un día escuché un sermón en la iglesia a la que acudo. La lectura versaba sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y yo aunque especialmente atento a las palabras del sacerdote, reconocía que para mí este era uno de los pasajes del Evangelio que menos contenido espiritual podía aportar. ¡Cuán equivocados podemos llegar a estar!

La vida espiritual no tiene nada que ver con las matemáticas, ciertamente. No obedece a razonamientos de lógica humana tampoco. Y es que el amor no puede ser medido, al igual que la bondad. Así, cuando empezamos la senda de la vida espiritual nada de lo que pueda suceder en nuestra vida estará sujeto a las leyes humanas. Estas estarán más obsoletas y fuera de lugar cuanto mayor sea el amor que llene nuestro corazón.

Si contemplamos nuestra vida… podemos observar cuan poca cosa somos en la vorágine de la humanidad, en el caos de la historia. Sí, somos tan poca cosa como unos pocos panes y un par de pececillos. Apenas nada que poco sirve para contentar a unos pocos. Pero… ¿qué es lo que podemos llegar a ser en manos de Dios? Transfigurados por Su amor puedes hacer de tu vida un milagro en la medida que dejes que el Espíritu more en ti.

Sí, este milagro de la multiplicación de los panes y los peces contiene una profundísima enseñanza, la de la disponibilidad, la de la entrega y confianza absoluta en el Señor, al cual, si le entregamos nuestros dones, nuestras capacidades, nuestra voluntad, inteligencia y corazón, que apenas es nada en la infinidad de la humanidad,  se multiplicarán milagrosamente. No midas nunca la bondad de tus actos en terminos humanos, no dejes ninguna pequeña bondad sin hacer porque te parezca inútil.. a tus ojos todo puede parecerte pequeño y humilde… pero en las manos de Dios es capaz, de con ese poco, realizar portentos.

Juan   6, 9-13;  Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos, más, ¿qué es esto para tantos?. Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados, asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos; Recoged los pedazos que sobraron para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

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