La fe que mueve montañas

He aquí un hombre que se aficionó a ingerir una fruta, que si bien aparentaba ser sabrosa y le saciaba momentaneamente, en su jugo había un veneno. El veneno obraba lentamente, pero al final sus efectos empezaron a hacerse notar. Su piel palideció y se acartonó, sus ojos se hundieron, y todo su cuerpo empezó a llenarse de dolores y llagas. Cuando un día la angustia de ese dolor se hizo especialmente insoportable y no teniendo a quien acudir dirigió sus ojos al cielo y pidió esto en oración: “Señor, no quiero dejar de tomar mi veneno… haz que éste en vez de enfermarme me sane”

Amar a Dios sobre todas las cosas, con toda tu mente, con todo tu corazón. Estas palabras son mucho más que el primer mandamiento. Es la definición, la constitución esencial del alma humana. Estamos hechos para amar, para buscar a Dios por encima de todo. Sólo cuando experimentas en ti esta certeza comprendes verdaderamente  el secreto poder de ese mandato, pues de dicha certeza nace la fe que mueve montañas.

Sin embargo resulta evidente que no vivimos de acuerdo con ese código de instrucciones en el que se fundamenta las fibras más íntimas de nuestro ser. Por ello, al igual que una persona que no come el alimento apropiado y se provee de comida en mal estado, incluso veneno, y acaba enferma y sufre, así sucede con el alma humana, que deseando lo que no le conviene y alimentándose de ello es incapaz de hallar paz en su existencia, vivir en plenitud, y en su carrera por hallar lo que ha de sentarle bien se deja llevar por todo aquello que aparenta ser apetecible pero que nunca aplaca su hambre, ni mucho menos la sana.

Lo paradójico sin embargo es que las personas de fe estamos sujetas a esta misma forma de obrar y entender la vida, así sucede que incluso, cuando oramos, pedimos insistentemente que nos hagan llegar nuevas dosis de aquello que nos aniquila. Muchas veces no es tanto lo que pedimos, que puede ser legítimo, puede ser honrado, puede no tener nada de malo sino ser algo objetivamente bueno y bondadoso. Lo malo de todo ello es que en nuestra oración se refleja lo que realmente nos importa más… Puede ocurrir que acudamos a Dios para proveernos de las cosas que son accesorias, o incluso que no siéndolas, nunca pueden equipararse a Dios mismo. Debiéramos usar las cosas tanto accesorias como principales de la vida para acercarnos a Dios  pues esa es nuestra razón de ser… he ahí el enorme poder de la oración rectamente emprendida.

Y es que la intención lo es todo. La causa más noble, si está encaminada a satisfacer un deseo personal, por muy bondadoso y altruista que parezca, ha dejado de reflejar bondad y se ha convertido en un acto egoísta. El amor está ausente cuando el bien deseado es para nosotros. ¡Y qué difícil es orar en pureza de intención! Prueba a hacerlo y empezarás a conocer algo de la humildad, pues si dejas que la luz del Espíritu te ilumine descubrirás como las intenciones que surgen de tu corazón retornan hacia ti de una manera u otra. Incluso parar obrar el bien surge nuestro espíritu protagonista, nuestro afán de ejemplificar, de ser nosotros mismos los que logramos algo…. y el bien puro requiere el más absoluto anonimato y discreción. Así que de ahí surge en los cristianos, cuando se cae desarmado ante la propia vanidad y egolatría y se comprende la impureza de nuestras intenciones, la necesidad de acudir a  la intercesión de los Santos y de la Santísima Virgen, como mediadores que sabrán exponer más adecuadamente nuestras peticiones.

Cuando pidas para ti preguntate primero lo siguiente: ¿qué bien va a obrar esto que pido cuando lo tenga? Y debes pensar que es bueno todo lo que te acerca a Dios. A la luz de esta consideración… ¿sigues pensando que lo que pides te acercará realmente a Dios cuando te sea dado? Sé sincero contigo mismo. Al plantearse esta cuestión, muchos, antes que tú y que yo, cayeron en la cuenta que antes que nada debemos pedir dones espirituales…- te recomiendo que indagues sobre los dones del Espíritu Santo-  y creéme que te serán dados porque solo pueden obrar el bien en ti mismo y tu Padre del cielo desea el bien para ti.

Es aparentemente más fácil pedir por los demás, porque no está contaminada nuestra petición por nuestros propios intereses. Pero sin embargo debes hacerte igualmente la misma pregunta; ¿acercará esta persona a Dios si este bien que pido le es concedido? Tal vez la oración debería ser: que esto que pido para esta persona le sirva para acercarse a Ti. De la misma manera procede para ti mismo, pues no será Dios el que conceda a nadie nada que sirva para alejarle del sumo bien que El mismo es. Y no olvides que incluso esa petición puede estar salpicada por tu propia vanidad. A todos nos gustaría ver como a nuestro alrededor nuestras buenas acciones y deseos se traducen en personas que eligen la santidad y la bondad.

No es malo que pidas por algo que no sea de índole  espiritual, pero de ti depende comprender y establecer en que medida esa petición puede acercarte verdaderamente a Dios, que sea sinceramente una petición que está supeditada a un interés puramente espirtual. De esa pureza nace la capacidad de los santos de hacer milagros, puesto que sus peticiones fueren de la naturaleza que fueren, siempre están subordinadas íntegramente a satisfacer ese primer mandato, esa regla espiritual bajo la cual nuestra alma fue concebida: Amar a Dios sobre todo. De esa sincronía entre el conocimiento de cuál es el fin del alma y la oración emprendida sobre la certeza de ese fin, surge la fe que es capaz de todo.

No olvides que todas las circunstancias adversas de la vida son ocasiones de crecimiento en amor y de acercarnos a Dios. Descubrir cómo es un don. Muchas veces pedimos y ofrecemos promesas como compensación… pero nos parecemos a los nueve leprosos curados con los que termino este texto. No oramos con la intención de acercarnos a Dios, oramos con la intención de “utilizar” a Dios para satisfacer nuestros deseos. ¿Crees que es lógico que se atiendan las súplicas así dirigidas? Puedes temer por tu trabajo, por tu salud, por tu familia… pero cuando el alma está más sujeta a cualquier cosa, como las mencionadas, más que a Dios mismo, esa cosa deja de ser algo bueno porque el amor a Dios no admite competencia en la prioridad de nuestro corazón, y todo lo que supera ese amor se convierte en un veneno para el alma…. y sufres. Pero ama a Dios por encima de todas las cosas y sucederá que la paz inundará tu alma, la adversidad no será tal, y cuando ores verdaderamente pedirás para que tu alma crezca en amor hacia El… para que el alma del prójimo también crezca en su amor. Esa oración recta que brota del corazón no será desatendida. No pidas que Dios despeje un camino que te aleja de El. Pide más bien para que sean cuales fueran tus circunstancias, sepas encontrar el camino que te conduce a El a través de lo que pides. Ruega, para que que sea lo que sea necesitas, sólo te sea concedido si te ayudará a crecer verdaderamente en amor de Dios pues esto es lo único auténticamente importante.

Lucas 17, 12-19   ; Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias, y éste era samaritano. Respondiendo Jesús dijo; ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, tu fe te ha salvado.

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4 Respuestas a “La fe que mueve montañas

  1. Me deja una gran reflexión el texto, porque siempre me ha inquietado cual es la manera correcta de orar, cómo pedir al Padre, como dirigirme a El y que mi oración sea escuchada…..

  2. Pingback: ¿Para qué sirve la oración? « Siete círculos

  3. cesar augusto martinez marin

    me siento muy contento por que atravez del texto he reflexionado he comprendido la manera de llegar a DIOS atravez de la oracion saber que cuando uno hace las cosas con fe y con devocion todo le resulta bien .

  4. luis guillermo velasquez

    me impresiona el ultimo texto,en la cual jesus se pregunta y no fueron diez los sanados? ES BÁSICO SER AGRADECIDOS CON LA VOLUNTAD DE DIOS

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