La cruz, la adversidad, la paz

He aquí un hombre que tomó una piedra del camino, y tras examinarla detenidamente, decidió guardarla en el bolsillo. La piedra era basta, informe, por completo sucia y embarrada y nada había en ella que hiciera sospechar que aquel guijarro no fuera una pequeña roca anodina, sin ninguna historia que contar. Pero al llegar a su taller tomo el martillo y el cincel y comenzó a golpearla delicadamente. Poco a poco se desprendieron esquirlas e… inesperadamente un brillo dorado surgió de aquel pedrusco. Lentamente prosiguió su trabajo artesano. Cuando terminó el guijarro no era otra cosa que una piedra de oro puro de un brillo fulgurante.

Así es el alma. Estamos tan sujetos a las necesidades que nos presenta la vida que nuestra alma, vuelta por completa hacia nosotros mismos no hace sino adherirse a todo lo que se nos antoja apetecible. Y ese afán por lograr lo que deseamos ocupa nuestra vida. Las preocupaciones procuradas por nuestro ego son la costra que nos oscurece, que nos hace perder el brillo… dejamos de resplandecer y la vida se nos ensombrece, …echamos la culpa de ello a nuestras circunstancias, a la adversidad… a los problemas.

Pero cuando un alma busca a Dios , como sucede con la piedra y el artesano, las capas que te oscurecen empiezan a caer. Sufres golpes, sí…  de eso nadie te va a librar en esta vida, lo que sucede es que has de comprender que lo que parece un dolor es en el fondo una liberación, al desaparecer toda preocupación por lo mundano sólo queda tu capacidad de amar… y no hay más brillo en la vida de una persona que esa capacidad. Cada vez que una esquirla salta sientes el dolor… pero sólo hasta que comprendes que esa adherencia te impedía resplandecer, te apagaba.

Sí… de ahí surge que el cristiano ame la cruz porque sabe que con cada obstáculo en la vida se produce una purificación. No es que nos guste el sufrimiento, sino es que es el sufrimiento el crisol por el que nuestra vida espiritual crece y se dilata. Solo en la adversidad somos conscientes de esas adherencias del alma, y al  desprendernos de las mismas, duele como algo que se arranca que estaba pegado firmemente a nuestra propia piel.  Pero si superamos la prueba, es decir, si comprendemos que no podemos amar a Dios a la vez que a las cosas del mundo y que de ese desprendimiento salimos más limpios y puros, sucede que crecemos en amor y la paz inunda nuestro espíritu.

Ante el egoísmo que busca nuestro propio bien, rectitud de intención buscando el amor.

Ante la ofensa y el daño, perdón

Ante la necesidad del prójimo, renuncia a uno mismo

Ante las pérdidas de la vida, abandono

Ante el fin de la propia existencia, entrega

Todo lo que te lleva a Dios, te da paz, y el camino es la cruz, pero es una cruz llena, pletórica de amor.

Lo cierto es que no es una cruz añadida… la vida así es, la diferencia estriba en  si la cargas lleno de alegría y de amor, y entonces ni es carga ni hace daño, o si negándote a tomarla, sufres al sometimiento de la dura disciplina que impone la vida, y en vez de llenarte de amor te llenas de amargura.

Mateo 6, 24 ; “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará  al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro”

Mateo 11, 30 : “porque mi yugo es suave y mi carga ligera”

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Una respuesta a “La cruz, la adversidad, la paz

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