Conversión

Es muy posible que tengas, al leer este título, una idea preconcebida de lo que significa la palabra que da pie a esta entrada. Por ejemplo, puedes considerar que “convertirse” significa aceptar la idea de que Dios existe, o que aceptándolo, de pronto adquieres conciencia de que esta realidad debe forzosamente hacerse sentir en tu vida. Puede que siendo creyente, tanto practicante como no practicante, consideres que no necesitas convertirte porque a fin de cuentas ya eres un “converso”, ¡eres creyente! Pero no, ninguna de estas situaciones ampara el profundísimo cambio interior que se produce en una conversión. Es algo tan drástico que da igual cuál fuera tu punto de partida, porque incluso siendo creyente, y “practicante”, si no has experimentado esta honda transformación, me atrevería a decir,  puedes estar perdiéndote el gran tesoro que encierra la vida espiritual.

Muchos piensan que la conversión es un momento puntual, un fogonazo de luz, una transición emotiva que marca la vida de una persona, el nacimiento a la fe. Sí, ese puede ser el arranque de una conversión, pero te diré que la conversión es un proceso, es un camino. Tiene un principio y tiene un fin. Una vez llegado al mismo, en ese culmen, algo se ha transformado en tu interior definitivamente.

Incialmente consideraba que la conversión del alma era un momento puntual en el que la mirada del alma se fijaba en Dios… más bien diría yo, inicialmente, descubre a Dios, y cautivada por Su luz, la vida cambia su aspecto por completo, se comprende el amor, se entiende -profundamente en tu interior y en  un conocimiento espiritual- que Dios es Amor….  Pero eso es sólo el primer paso, es la entrada a nuestra fortaleza espiritual, el hallazgo de un mundo interior fascinante, más vital e intenso que la propia vida… porque es la vida misma en su mejor cualidad lo que descubres al alcanzar el plano espiritual. Pero insisto, este descubrimiento es sólo el primer paso. Lo que queda por delante es mucho más que ese emotivo e intenso primer atisbo… ¡Has de conquistar tu alma!, y eso supone avanzar y vencer múltiples obstáculos… sólo cuando llegas al bastión central, el alma podrá ser completamente entregada a Dios… y es sólo entonces cuando  la conversión se ha completado.

¡Qué fácil es perderse por ese camino! Podemos recordar momentos en nuestra vida donde tal vez hayamos experimentado la fuerza drástica de ese cambio interior… podemos decir que descubrimos algo en nuestro interior que nos cautivó poderosamente, hallamos la esencia espiritual del alma y conmovidos nos acercamos a Dios… pero… ¿esa luz se apagó con el tiempo?… ¿volvió la oscuridad y regresaron los pesares y la monótona rutina de altibajos y desánimos?… es posible que la conversión no cristalizara y estás a mitad de trayecto… tal vez en el camino te desorientaste, tal vez faltó humildad… seguramente querías hacer el viaje como a ti te gustaría que fuera, con tus normas y tus creencias particulares… Siento decirte que el camino de Dios es un sendero estrecho y angosto, donde sin humildad no darás un paso siquiera en la dirección correcta… si quieres que los designios de Dios se adapten a tu particular idiosincrasia no llegarás mucho más allá.  Estás desperdiciando la gracia que Dios te concedió si menosprecias sus Sacramentos. En esos casos quizás la lectura de este blog te pueda echar un cabo para recuperar el sendero en donde te extraviaste…. ojalá. Pero tal vez la conversión prosperó, y entonces la paz y la plenitud reinan en tu alma como un síntoma de esa unión sin fisuras con lo divino.

Y… ¿qué es la conversión?

¡Cómo explicarlo! Es la cara y la cruz del alma. Es una forma de ver la vida y su contraria, es el blanco y el negro, es una lámpara encendida o apagada, es la vida de espíritu o el materialismo, es el amor o el egoísmo, son los demás y la riqueza de una vida volcada en el prójimo o eres tú encerrado en una estrecha y asfixiante prisión, es Dios o es la nada, es explicar como son los colores a un ciego, es vivir o no vivir, es dar gracias por todo lo que vives, bueno y malo, en cada instante… o seguir pasando los días  esperando a algo mejor que llegará en algún momento del futuro, es descubrir un paisaje deslumbrante o contemplarse el ombligo, es la plenitud y la paz… o su ausencia. La conversión es el descubrimiento del amor, y también de que puedes vivir en amor hacia Dios y hacia los demás cada instante de tu vida en vez de vivir la experiencia vacia y frustrante de buscarte a ti mismo. E insisto, es en cada instante de tu vida, incluso cuando lees estas palabras hay una intención en tu interior… ¡descúbrela! Y la diferencia entre ambas opciones es más que notable, te lo aseguro.

Ahora bien, ¿por dónde se llega?  ¿cómo se alcanza? Me atrevería a decir que tan sólo a través de la oración diaria puedes obtener ese don… lo puedes buscar, lo debes pedir, te es concedido.

La conversión… antes pensaba que era un momento puntual… ahora me doy cuenta de que es la conquista de la fortaleza de tu propia alma. Tienes que asaltarla e invadirla, ganar cada una de las murallas interiores, y así ciudadela tras ciudadela, una vez rendida, entregarla a su legítimo señor. En ese momento resplandece el amor, luce la mirada del alma, la vida es Vida. Estos círculos de los que habla este blog no son sino las escenificaciones, la enumeración, de cada uno de los obstáculos que encuentras… no basta el primer paso en sí mismo si después te rindes en el siguiente… has de llegar hasta el mismo final, para una vez conquistada la fortaleza, siendo señor de ti mismo, la entregues a Quien Todo  Debes.

Juan 3,3 : Respondió Jesús y le dijo: de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

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Una respuesta a “Conversión

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