La sed del espíritu

Podría decirse que todos tenemos sed, y como esa necesidad es básica, da igual lo que bebamos ahora, sabemos que tendremos sed mañana. De igual modo, lo lógico, lo normal, es que nos pasemos nuestra vida teniendo “sed” en la medida que ambicionamos metas… hoy queremos una cosa, mañana tal vez otra… ¿Nos podremos saciar alguna vez? Muchos pensamos que vivir es a fin de cuentas ir satisfaciendo cada una de los aspectos de la vida que se nos presentan como necesarios, y eso en sí mismo ya da un sentido a la existencia, eso sí, renunciando a las que escapan a nuestras posibilidades o las que no nos corresponden por la edad. De la capacidad de adaptarnos a lo que somos se apaga en parte esa sed interminable… aunque con el consiguiente riesgo de amargarnos, de resentirnos con nuestra vida.

¿Qué es la sed? La sed no es sino la angustia, la insatisfacción, el sufrimiento… algo que en nuestro interior necesita ser aplacado. Cuando lo logramos percibimos cierta plenitud, satisfacción, dicha… más o menos fugazmante… poco después nace una nueva inquietud, una nueva sed. Es realmente curioso que estos extremos que describo, plenitud-angustia, felicidad-desdicha, paz-sufrimiento son contrarios que se situan en el plano espiritual de la existencia.. y digo curioso porque aún estando en ese plano espiritual intentamos aplacar las ansias de satisfación del espíritu con bienes materiales, con circunstacias materiales, con proyectos materiales… Pensamos que la dicha está en un bien cuya esencia apenas o en nada tiene consistencia espiritual. Es como el que intenta aplacar un fuego echándole más leña, no sólo no aplicas un remedio eficaz sino que incluso avivas la sed de necesitar “algo nuevo”. Puede también ocurrir que la percepción del amor -en la pareja, en la amistad…-  un bien puramente espiritual, se desvirtúe igualmente en nuestro interior por sus aspectos materiales o por una concepción errónea y equivocada del mismo, desdibujándose de tal forma y medida que pierda por completo su calidad, y desbaratado por completo, apenas sea fuente de plenitud y dicha.

Pero de la misma manera que conozco ese pozo oscuro, siempre sediento, que da igual lo que le eches, se lo traga todo sin colmarse nunca, anhelando más, sugiriendo nuevas metas, objetos, deseos con los que alimentar esa negrura insaciable, de igual manera te digo, de tu interior puede brotar un caudal de agua viva que te colmará, no sólo a ti, sino que forzosamente habrá de abarcar a cuantos te rodean.

Sucede que apenas consideramos el sentido de nuestra vida sino que intentamos vivirla lo mejor que podemos, nos conformamos con sortear los malos momentos y prolongar los buenos… absolutamente inconscientes de cómo es nuestra naturaleza espiritual  la que da sentido a la existencia y determina nuestro grado de dicha, nuestra plenitud… o nuestra angustia.  Dada esa naturaleza espiritual no hay nada  “en el mundo” que nos colme, da igual el “agua” que tomes a lo largo de tu vida, nunca te saciará porque el alimento que completa tu esencia espiritual debe ser necesariamente espiritual.

Sí, el agua que ha de alimentar nuestro espíritu forzosamente ha de ser espiritual, he ahí el secreto. Desgraciadamente son muchos los que conocedores del mismo y amparados por un mundo materialista que ha perdido por completo la luz del Espíritu, han labrado su propia fortuna vendiendo atisbos de cierta luz interior con los que deslumbran a tantos. Basta acercarse a las secciones de autoayuda de cualquier librería para descubrir esto. Pero no te quería hablar de ello ahora, sino más bien recordar unas palabras que resumen esta entrada mucho más brevemente:

“Todo el que bebe este agua volverá a tener sed. En cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial del que surgirá la vida eterna” Juan 4, 13-14

¿Es esto verdaderamente posible? Y….  ¿qué milagro  ha de obrarse en el alma para que tal cosa suceda?

En la próxima entrada hablamos de ello.

Anuncios

3 Respuestas a “La sed del espíritu

  1. Al leer La sed del espiritu me da luces y palabras para hablar con mi hijo (30 años) que cerca de los agnostico, hoy me dice que necesita paz interior, Soy católico, he tenido la bendición del Espiritu Santo, laico comprometido, pero cuando se trata de la familia, el dicho … en casa de herrero azadon de palo es realidad. Quiero ayudarlo en el proceso su búsqueda, respetando sus posiciones, sin agredir. Quiero hacerlo con tino, con pausa, con tiempo. Todo con el amor del Espiritu Santo.
    Me parece que los 7 circulos son camino de luz en este proceso. Gracias

  2. Pingback: ¿Vives … o te entretienes? « Siete círculos

  3. Pingback: Conócete a ti mismo « Siete círculos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s