¿Sufrir por amor?

Sí, es verdad, es posible sufrir por amor, pero eso es algo tan raro, tan inusual, que prácticamente diría que tan sólo unos pocos llegan  a ese grado. Y si te parece escandalosa esta aseveración te ruego que sigas leyendo, porque sucede que sí, mucha gente cree que sufre por amor… cuando en el fondo sufre por egoísmo.

Lo primero, como siempre, recordar lo que es el amor puro; la capacidad de darse gratuitamente. Lo contrario, lo opuesto al amor, es el egoísmo. Sin embargo pensamos de una manera muy automática y superficial y sucede que, como no exploramos la raíz de nuestras emociones, muchas veces no caemos en la cuenta de lo que en el fondo pensamos que es amor no es si no egoísmo. Esta es una de las grandes mentiras de nuestro tiempo, y de la tergiversación de los conceptos, de la mezcla y relatividad de lo que es bueno y es malo, acaba surgiendo una gran oscuridad, una gran ignoracia sobre lo que es el amor, de dónde nacen sus sentimientos, y sobre todo, lo que es peor, un total desconocimiento del propio egoísmo, de donde se surten las aguas pútridas de la angustia y del dolor que tan frecuentemente contaminan el río de nuestra vida.

El desamor, el amor no correspondido, muchas veces es entendido como un dolor fruto del amor y sin embargo no es sino el puro egoísmo lo que nos provoca esa angustia. Cuando amamos a alguien, bien sea una persona de la que nos hemos enamorado, nuestra pareja, una amistad muy cercana, nuestros propios hijos o nuestros padres… sucede que en menor o mayor medida esperamos igualmente una correspondencia a nuestro amor, a nuestra disponibilidad y entrega…. y si no la hallamos surge un enorme desconsuelo. Pero ese dolor viene provocado porque nuestro ego no se ve satisfecho plenamente con la respuesta recibida. Es el despecho lo que nos hiere, la falta de correspondencia… y eso lo único que demuestra es que nuestro amor ni era puro ni era desinteresado. Si amas a alguien estarás dispuesto a todo por esa persona, incluso dar la vida si llegara el caso, sin esperar nada a cambio… y esa ausencia en la espera es la que te liberará de dolores y pesares, la que da plenitud a tu amor. Muchas veces sólo entendemos correctamente lo que es el amor cuando lo volcamos en nuestros hijos, en nuestros padres… y a veces ni siquiera es así desgraciadamente.

Si basas cualquier afecto que mantienes en tu corazón en la correspondencia prepárate para sufrir, para llevarte desengaños, para aislarte del mundo con el paso de los años. Las personas no somos perfectas, somos más bien descuiadadas, sufrimos despistes, nos equivocamos, interpretamos mal las situaciones, metemos la pata, incluso obramos el mal a sabiendas… ¿Y esperas que sea lo que recibes de esos seres imperfectos, llenos de equivocaciones y de errores, la plenitud en la vida? La felicidad y la plenitud nacen de tu capacidad de amar,  pero de que ese amor sea puro, auténtico… de tu capacidad de darte y entregarte al otro sin reservas, ahí y no en otro sitio está la dicha.  Cuando esperas recibir, cuando esperas la correspondencia a lo que haces, estás secando la raíz de ese árbol que podría ser frondoso y exhuberante con el veneno del egoísmo.

Desgraciadamente muchas veces se construyen las relaciones personales, pero sobre todo las de pareja, sobre falsos conceptos de amor. Hoy día la sensualidad y la atracción física ocupa un predominio exorbitante en nuestra sociedad. Muchas relaciones comienzan exclusivamente amparadas en ella. No hay compromiso y lo único que se está produciendo es un intercambio de satisfacciones, un intercambio de bienes calculados entre egoísmos que por supuesto, serán incapaces de generar un sentimiento de entrega absoluta. Cuando el egoísmo se inmiscuye en una relación de pareja… o en general en cualquier relación, ese afecto entre las personas está amenzado de muerte, surgirán los descontentos, la apatía, y por supuesto ¡el culpable siempre será el otro!  “no me llena” diremos. Es la relación relativa, liberal, la que domina nuestros tiempos… y donde no hay compromiso no puede haber amor, porque el compromiso no es si no el sometimiento íntegro de la propia voluntad a la felicidad del otro. De esta consagración surge el sentimiento y nace el amor pleno. Este compromiso, como sucede con el amor,  no admite condicionales.

Muchas veces sucede otro tanto en el terreno de las amistades. Muchas personas se cansan siempre de dar… y ese cansancio viene derivado de su “espera” por recibir algo del otro. Esa espera no hace sino delatar el clamor del propio egoísmo que ansía correspondencia. Muchas veces nos llenamos la boca hablando que somos capaces de hacer lo que sea por una amistad y de nuestra elevadísima consideración sobre lo que representa este concepto… pero si esta persona que es nuestro amigo no  cuenta con nosotros cuando pensamos que debería haberlo hecho estamos dispuestos a tacharla de nuestra lista de amigos…. ¡somos incapaces de perdonar hasta la más leve falta! Los roces del día a día acaban desgastándonos… si te dejas llevar por esa estrategia te auguro una vida gris, reservada, con pocos amigos…

Incluso cuando perdemos a alguien que queremos… ¿qué sucede? Realmente sufrimos porque percibimos el vacío que esa persona deja en nosotros… seguramente no miramos tanto cómo vivía o lo que podía estar pasando por su cabeza, sino cómo nos quedamos nosotros mismos una vez esa persona falte. Puede suceder perfectamente que cuando piensas que alguien a quien quieres pueda estar en peligro de muerte no te preocupes realmente por el otro, sino por como te vas a quedar tú mismo en su ausencia. Si te identificas con este pensamiento ¡cambia! porque si tienes un familiar o una amistad en ese trance no te preocupes por tí mismo sino por lo que puedas hacer por él, por demostrar sin falta tu cariño por esa persona… no te dejes llevar por los miedos del egoísmo, por el “¿qué será de mi sin esa persona en la que tanto descanso y me apoyo?” y preocupate más en darte a ti mismo, no en valorar y ver qué es lo que recibes de ella.

Otro sufrimiento del amor lo padecen muchos que trabajan en labores de voluntariado. Comprender la propia impotencia incluso para resolver las cuestiones más sencillas pero sufridas de quienes viven en nuestro entorno y a quienes pretendemos ayudar implica también un profundo conocimiento de uno mismo. Cuando miras al prójimo, comprendes su situación e intentas corregirla, puede suceder perfectametne que nada puedas hacer en términos materiales. Muchas veces ocurre que el problema es la persona misma  a la que quieres ayudar, no tanto sus circunstancias. Y ante ese choque puedes tropezar con la frustración, la desesperación… otro fruto, no del amor, sino de la soberbia, del ansia interior de triunfar también en las buenas obras, por sentirnos bien frente a los demás, por sentirte bien contigo mismo.

No, habitualmente no sufrimos por amor…. sufrimos por egoísmo.

¿Cómo es el amor? El amor es paciente, afable, no tiene envida, no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la inusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límietes, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca (Carta de San Pablo a los Corintios)

Sufres por amor cuando intercedes por otro y arriesgas tu vida, tu honor, tu integridad física… cuando te conviertes en blanco de una crítica injustamente por proteger a una persona… cuando por razón de tu cargo  te ves obligado a obrar con justicia… cuando ves a tu hijo perdido en la vida y nada puedes hacer por él sino esperarle…

Por amor, ante la falta de correspondencia, sientes compasión, que es un sentimiento que puede llenarte de paz, pero nunca de angustia. La compasión se alimenta del perdón, porque si no sabes perdonar no podrás ni acercarte a este sentimiento. La compasión te hace crecer, nunca menguar. Ante una falta de correspondencia tu compasión insiste en seguir deseando el bien al otro, es incansable e incondicional, nunca te apaga, siempre ilumina. No te hace mejor que el otro, porque no hay nada más contrario al amor que la soberbia y el sentimiento de superioridad, que son hijas del egoísmo, pero sí te permite volar por encima de todo tipo de tormentas y desgracias, manteniendo al alma lejos de los dolores que alimenta el egoísmo. El amor es desear el bien al amado… ¿de verdad es ese deseo el que te está causando daño?

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Una respuesta a “¿Sufrir por amor?

  1. Me gustó mucho lo que escribiste y en realidad tienes mucha razón, el ser humano es tan complicado que incluso llega a confundirse respecto a sus propios sentimientos.

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