¿Para qué sirve la oración?

Son muchos los cristianos que sólo oran cuando se enfrentan a una situación angustiosa. Entonces acuden a la oración para que el problema al que se enfrentan, o el dolor que sufren, sea físico o moral, se resuelva. Son en los momentos difíciles cuando las personas oramos de verdad, pero… ¿qué sentido tiene orar si no es en estas circunstancias? se preguntan muchos… Y quizás la pregunta que debiéramos hacernos es la siguiente; ¿qué sentido tiene pedir cosas a Dios que ni siquera nos acercan a El?

La oración es el tiempo más importante del día, y por ende, de nuestra vida. Considera esto primero: La felicidad es algo que incumbe al ámbito del espíritu humano… luego, ¿no parece prudente dedicar un tiempo a conocer cómo es tu propia alma, tu esencia espiritual, cuándo es en ese tiempo dónde puedes hallar el sentido a toda tu vida? Orar no sólo es buscar a Dios en tu interior, también es emprender el viaje del propio conocimiento. Aquí te voy a hacer un croquis de lo que puedes descubrir en el territorio de tu vida interior. No pienses que es un viaje sencillo, ¡todo lo contrario!, pero como todas las cosas difíciles encierra una gran recompensa, hallarás en ese viaje el tesoro por el cual merece la pena dejarlo todo. He aquí lo que encontrarás en el camino.

En primer lugar partimos de nuestra fortaleza interior, un gran castillo que, cómo si de un faro se tratase, puede irradiar luz a todo lo que tú haces y eres….o permancer tristemente apagado. Y lo primero que descubrimos en la oración es el valor de la vida espiritual; cómo la felicidad en nuestra vida está supeditada a la capacidad de alejarnos de nuestro Ego y descubrir a Dios en nuestro interior.  Comprender que el Ego te subyuga pero que Dios te abre las puertas al amor puro. Descubres el alivio, la paz, que supone vivir alejado de ese gran atormentador de nuestra vida, nuestro egoísmo, y la alegría que implica vivir para amar de verdad, de permanecer en esa actitud ante todo y ante todos… la luz se irradia en todas direcciones. Este es el nacimiento de la vida espiritual que se realiza en la vida de oración y que surge cuando el alma comprende que verdaderamente estamos hechos para amar a Dios por encima de todas las cosas, con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón.

Inmediatamente a continuación en nuestro peregrinaje interior abandonamos la fortaleza y nos adentramos en un vasto desierto en el que parece habremos de perdernos, sin embargo nos aguarda un importante hallazgo. Allí descubriremos que la oración no es un fin en sí mismo, ni tampoco la paz de espíritu que nos proporciona, o la alegría, o nuestra capacidad de entender a las personas cada vez más claramente, o …   nada de esto es importante… lo principal es buscar a Dios en cada momento de cada día, comprender la importancia de cada pensamiento, de cada idea o imaginación que transcurre por nuestra mente. Se aprende así en la oración  la transcendencia de la rectitud de intención en todo lo que hacemos, sobre todo, en todo lo que nace del corazón. El fin de la oración es Dios, no nuestro bienestar espiritual… que si bien llega, éste será una consecuencia, no el fin.

No podrás avanzar mucho por ese país íntimo sin descubrir agrestes obstáculos, que como una cadena de montañas se alzarán frente a ti. Esta orografía escarpada no representa sino el trato con el prójimo, y aprenderás, a través de una actitud permanente de amor, a superar los obstáculos derivados de los daños que sufrimos o provocamos en los demás. En la oración se aprende a perdonar deseando el máximo bien, amando, a quienes nos ofendieron, pero igualmente aprendes a pedir perdón y no menos importante, a perdonarte a ti mismo. El perdón es otro paso importante que difícilmente podrás alcanzar y comprender plenamente si no lo vives en la oración.

Más allá del perdón hay un territorio igualmente costoso de explorar, que resulta además engañoso, pues en la distancia se antoja fácil de atravesar pero luego descubres que se trata de farragosas arenas movedizas. En él habrás de experimentar lo que implica la renuncia a uno mismo, estar a disposición del prójimo, sacrificando tu particular interés o punto de vista cuando exista una colisión de voluntades, y por muchas razones y motivos que tuvieres a tu favor, antepondrás a tu propia felicidad la del prójimo. La renuncia a ti mismo resultará dolorosa inicialmente pero cuando la lleves a cabo en la oración hallarás la paz y el consuelo… y como siempre que avanzas interiormente, crecerás en amor… el territorio de tu alma se amplía, las fronteras no paran de expandirse…

¿Qué hay más allá? Grandes extensiones en multitud de direcciones… cada de una de ellas será un reto de por sí, y aunque parezcan paisajes que nada tienen que ver el uno con el otro, descubrirás finalmente que todos tienen algo en común; cada uno de ellos representa algo a lo que el alma está apegada… y habrás de descubrir lo que entraña renunciar a esos apegos y abandonarte en las manos de Dios. Constituye una lección mucho más difícil porque en esta vida estamos sujetos a multitud de factores, personas, cosas, cuya carencia te herirá… inestabilidad en el trabajo, enfermedad y muerte de seres queridos, el propio envejecimiento y las penas que eso conlleva, los problemas económicos personales y familiares… el abandono no es dejarse irresponsablemente en manos de Dios sino, poniendo todo el empeño posible en resolver los problemas que te aquejen, descansar y hallar la paz en la total sumisión a la voluntad de Dios. No hay mal por grande que sea, que no pueda ser puesto en las manos del Señor, ni angustia que no finalice en una paz plena cuando en la oración te abandones completamente en Sus Manos.

Y acabarás conquistando la totalidad de tu mundo interior al llegar a la última frontera. Allí habrás de someterte a la última lección; la entrega de la propia existencia, el descanso en el Señor de forma absoluta. Tal vez porque te enfrentas a una enfermedad grave, tal vez porque de una manera u otra el alma comprende que habrá de ser juzgada por la vida que ha tenido y, ante el peso de los propios pecados y ante el Santo Temor de Dios, sólo queda la mayor y auténtica entrega, no de todo lo que tienes en posesiones o atributos-como sucedía en el nivel anterior – sino de todo lo que eres… y aquí no sólo hallas la paz que habías perdido, sino que extingues, además, el temor a la propia muerte. Descubres la inmensa Misericordia de Dios, que nos ama, no por lo que hacemos o dejamos de hacer, -siempre insuficiente, siempre mejorable- sino incondicionalmente, por lo que somos. Este compromiso absoluto con el Señor se aprende y lo ejercita el alma en la oración.

Cada uno de estos pasos es un medio por el que alcanzas la paz cada vez que la pierdas, de hecho sucede en la vida espiritual que cuando un alma se turba no es una cuestión inútil y sin sentido… tienes muchas cosas que aprender de ti mismo: ¿por qué te turbaste? ¿has sentido envidia? ¿has sentido celos? ¿has sentido miedo a perder algo? ¿ha sido tu vanidad o tu orgullo los que se han sentido heridos?… Son infinitud de preguntas las posibles, pero cada vez que halles la respuesta descubrirás más cómo eres realmente y no sólo eso, con cada sufrimiento hay también un remedio que  te hará vivir, te hará crecer en amor, te liberará… busca a Dios sinceramente y el camino se abrirá a tus pies.

Una vez que aprendes a superar cada uno de los obstáculos, en lo sucesivo te resultará más y más fácil… los miedos se extinguen, la alegría se afianza, te das cuenta que puedes pasar por encima de las dificultades de la vida… comprenderás de verdad que vivir es amar, y amar es buscar a Dios, y buscar a Dios es hacer oración.

Ánimo, ¡es un camino que merece la pena!

Mateo 13, 44;  Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo, y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

Más sobre este tema:

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Sobre la fe y el amor

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4 Respuestas a “¿Para qué sirve la oración?

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  3. me gustaria saber si tienen un lugar donde den platicas o talleres hgracias

  4. Hola Myriam
    Verás, hoy en día en casi todas las parroquias se imparten talleres de Oración y Vida. Si no encuentras en una, es posible hallarlo en otra cercana. De todas formas si preguntas y no encuentras puedes escribirme a serenasreflexiones@gmail.com y diciéndome cuál es tu ciudad te podré hacer llegar información.
    Gracias.

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