Cómo orar: la mirada del alma

Muchas son las personas que por una razón u otra jamás  han practicado la oración y por tanto no  comprenden en absoluto en qué consiste este ejercicio del alma. En la gran mayoría de las ocasiones se piensa en rezos mecánicos y aburridos, en una mera formalidad poco menos que burocrática, e incluso los hay que  preguntan si “se oyen voces”…

El camino de la oración es un camino del corazón. Sin poner el corazón da igual lo que hagas porque no es oración… y sorprendentemente sucede al revés también, da igual lo que hagas, pero si pones el corazón en ello, ¡estás haciendo oración! Por supuesto no es poner el corazón sin más… es que el corazón anhele a Dios… Pero que no sirva este último razonamiento para decir; “ah, entonces así la hago yo,  mientras hago mis cosas de cada día”. No, la oración  requiere dos circunstancias:  silencio y recogimiento interior en primer lugar, y en segundo y más importante, tener presencia de Dios. Si no aprendes a recogerte interiormente durante media hora diaria, en la soledad de tu habitación… ¿cómo podrás hacerlo en medio de la calle, en medio del trabajo diario?

Orar es desear. Y te aseguro que el deseo es dúctil, puede ser intenso como una sinfonía, suave como una brisa ligera, puede ser como una simple melodía  o como un torrente impetuoso de sentimientos… puede ser un susurro amoroso o una súplica vehemente…. pero siempre, de una manera u otra,  es el anhelo de cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, es el deseo de conocer y buscar lo que es el amor… me atrevería a decir que basta una simple idea que exprese este deseo para llenar un largo rato de oración… porque de esa idea brota un sentimiento que se convierte en una mirada del alma dirigida a Dios… y una vez que fijas esta mirada interior en Dios sobran las palabras, el alma se alimenta de ese deseo… ¡estás haciendo oración de verdad!

No encuentro otra manera de expresar esta idea; “la mirada del alma”, es algo ahora tan claro y sin embargo difícil de explicar! La mirada del alma es el fin hacia el que se dirigen nuestros pensamientos y es a través de la oración como empiezas a controlar cómo y hacia dónde diriges en tu vida esta mirada… Descubrirás con el tiempo como siendo algo tan importante para la felicidad a menudo ha estado gobernada despóticamente por tu egoísmo, monopolizada por él. En nuestro día a día habitual sin Dios, nuestros pensamientos de una forma u otra acaban en nosotros mismos siempre. Solo el amor más puro y desinteresado escapa al sumidero de energías y deseos que es el propio yo. Y sucede que cuando esa mirada esta centrada en nosotros muchas de las veces, por no decir siempre, nos hace daño, nos angustia… además que si pudiéramos darle una descripción poética, la mirada del alma centrada en uno mismo nos apaga, nos hace seres oscuros … -¡pero cómo cambia todo si logras que esa mirada interior varíe su objetivo!-  El escrutinio de nuestra vida nos muestra las dudas, las incertidumbres, los complejos, los fracasos… y para evitar esa mirada dolorosa sobre nosotros mismos – que no trae sino infelicidad y depresión- intentamos entretenernos; nos volcamos en el trabajo, encendemos la televisión, hacemos deporte,… permanecemos a oscuras, pero para que la oscuridad no nos asuste cerramos los ojos con fuerza. El gran descubrimiento de la oración es que esa mirada puede irradiarse hacia “fuera” de nosotros mismos. Primero porque descubrimos a Dios y este hallazgo nos llevará a amar el silencio, el recogimiento interior, nuestra fuente de paz y dicha,  a la vez que cuando volvamos al ajetreo diario empecemos a aprender a descubrir al prójimo como el foco de esa mirada del alma, empezarás a resplandecer. Sucede que cuando el alma mira a Dios sólo hay paz… tanto que de hecho con el tiempo descubrirás que tan pronto esos ojos invisibles se vuelquen hacia ti mismo inmediatamente sufrirás dolor, perderás esa paz instantáneamente. Te preguntarás ¿cómo vivía yo antes sino en la pura ansiedad? Así que otra forma de expresar el sentido de la oración es aprender a dirigir la mirada del alma – nuestros pensamientos, intenciones, deseos – en la búsqueda de Dios en nuestra vida diaria…  Todo en la vida de un cristiano se resume en esto; amar, pero primero debes aprender a amar, y esto, como digo, sucede en la oración. Así que está forma de dirigir la mirada del alma fuera de nosotros mismos podría denominarse igualmente de otra forma; amor.

En nuestro interior tenemos una simiente minúscula, ínfima, que apenas conocemos pero que te voy a mostrar. En tu interior late una capacidad, es posible que casi desconocida para ti, pero puedes, en un rato de silencio, buscarla, encontrarla. Es tu Capacidad de Amar, tu capacidad de entrega al prójimo, tu capacidad de darte. Es un don, una gracia y todos la tenemos. Esa semilla es la que caso de germinar hará de ti una persona diferente. ¿Cómo es ese don? Puedes sentirlo si lo deseas. Es la capacidad de darte a todas aquellas personas que te rodean en tu vida, perdonando sin rencor, amando incluso a tus enemigos, siendo generoso sin medida, haciendo de ti una persona que irradie consuelo y amistad a cuantos te rodean…. invulnerable en medio de  las peores circunstancias, siempre lleno de paz, rebosante de alegría, pleno de buenos deseos y mejores obras, de mirada clara, libre por completo de cualquier género de mala intención. Da igual como seas ahora mismo… sabes que dentro de ti late esa capacidad, puedes imaginarla, o incluso tal vez, puedes sentirla…. basta que cierres los ojos y e imagines esa persona que he descrito siendo tú mismo. Es posible que sea una simiente minúscula, o tal vez no tanto… ¿cómo hacerla brotar o que medre más de lo que ya es ? ¿cómo podría dar fruto y convertirla en un árbol exuberante y espléndido? Ah, en esa vida está la Vida… no hay otra forma de vivir que merezca la pena que no sea sino profundizar y crecer en el amor.

Empezar el hábito de la oración resulta difícil. Media hora al día, de recogimiento y silencio, puede ser un cambio muy brusco en nuestras costumbres. Inicialmente yo pensaba de esa misma manera… y aquí me ves ahora escribiendo este blog! Inicialmente encontré en esa media hora un remanso de paz en mi agitada vida y hallé cierto gusto en ese encuentro silencioso conmigo mismo. Con el tiempo llegaron los grandes descubrimientos y lo que era un simple rato de sosiego se ha convertido en la gran aventura de mi vida.

¿Cómo empezar? …  lee cada día un pasaje  del Nuevo Testamento hasta dar con un pasaje que te remueva, que te intrigue o te sugiera algo,… dejáte en manos del Espíritu Santo -¡qué importante es esto!- y pregúntate… ¿qué espera Dios, mi Padre, de mí?

Mateo 13, 31-32; El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

Más sobre este tema: Cómo orar con el corazón

Anuncios

Una respuesta a “Cómo orar: la mirada del alma

  1. Abel Parrado Villanueva

    Considero que con el tiempo el sentido de la oracion se diluye, porque la cotidianidad es un torrente que ciega el espiritu, si no persistimos en darnos esos 30 minutos de reflexion que nos habilitan, poco a poco, a escapar de la ceguera y buscar y encontrar a Dios con los ojos del alma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s