La trampa de la autoestima

Parte I

Analicemos una definición de autoestima, por ejemplo ésta de wikipedia

En psicología, la autoestima es la opinión emocional profunda que los individuos tienen de sí mismos, y que sobrepasa en sus causas la racionalización y la lógica de dicho individuo, también se puede expresar como el amor que tenemos hacia nosotros mismos.

La autoestima es un concepto al que echamos en falta o que observamos cuando no nos sentimos completamente bien. La autoestima falla, decimos habitualmente, cuando las circunstancias de la vida, fueren cuales fueren, no acompañan, o incluso, cuando acompañando aparentemente, sufrimos, tenemos depres o incluso peor, hondas depresiones. En suma, el descontento con uno mismo surge cuando de una manera u otra vemos que algo en nuestra vida no nos gusta. Existe una preocupación.

Bien, entonces echamos la mano a este concepto del aprecio a uno mismo e intentamos enfocar nuestra existencia desde la perspectiva más agradable posible. Observamos nuestros méritos personales, nuestras cualidades personales, y sobre todo según los casos, nuestras aptitudes afectivas. Lo que sucede es que seguramente la fuente del dolor se encuentre en alguno de esos capítulos. La vida es así, de todo, menos perfecta. Podemos recomponer esa imagen emocional -lo que la definición presentada inicialmente denomina “opinión” – de nosotros mismos como un rompecabezas, intentando apartar las piezas que nos nos gustan y crear una nueva imagen que sea lo más agradable posible. Ese ejercicio de vida interior es al que yo denomino “trampa de la autoestima”.

¿Por qué trampa? Una trampa es algo desagradable, sugiere engaño y esto vendría a decirnos que la autoestima no es sino un autoengaño. Pues sí… en la medida que intentamos eludir una realidad incómoda, tramando componendas, intentando mantener nuestra imagen emocional de nosotros mismos lo más bien parada posible … no hay otra palabra para expresar esto; autoengaño. ¿Cuáles son sus manifestaciones? Uno muy sencillo y evidente es el de la culpa: nunca la culpa es nuestra. Sea cual sea el mal que nos aqueje nunca seremos nosotros culpables porque aceptarlo significaría comprender que somos imperfectos, asunción para el que la autoestima resulta inasumible. Sí, el peligro de intentar vernos como “personas buenas” y “bien intencionadas” entraña la ignorancia absoluta de lo que significa la “bondad” y de lo dificilísimo que resulta ser esencialmente “bien intencionado”. Comprender las motivaciones por las que hacemos lo que hacemos entraña un profundo conocimiento de uno mismo y un hondo y habitual ejercicio de reflexión, que, seamos sinceros, la gran mayoría de los mortales no realizamos. Otra de las manifestaciones es la de la “intolerancia del orgullo”; yo soy como soy, allá aquellos que no me soporten. Una autoestima demasiado fuerte o incluso una muy débil igualmente pueden acabar propiciando una personalidad intransigente con las personas, con dificultades para empatizar con el resto. ¿Por qué? Evidentemente el que la tiene fuerte porque ha llegado a un nivel donde le importa muy poco lo que los demás piensen de él o ella, se caracterizará por una personalidad orgullosa y arrogante. El que la tiene débil reconoce en ese modelo de comportamiento despectivo hacia el prójimo un caracter fuerte y por inseguridad lo imita para ganar esa pretendida fortaleza interior. A menudo la autoestima se afianza en el pensamiento que somos mejores que el prójimo, que la mayoría, de quienes nos rodean…. Estos son sencillos ejemplos por los que se observa que la autoestima muchas veces no nos lleva a ser precisamente mejores personas, ni muchísimo menos felices. Por eso es una trampa, porque aunque el objetivo inicial es aplacar un sufrimiento interior y a sentirnos bien con nosotros mismos, nos puede llevar más lejos de otra de las necesidades básicas humanas; sentirnos queridos y respetados.

La trampa de la autoestima tiene su origen en que intentamos aplacar al Ego. Puesto que nuestra existencia gira en torno a nosotros mismos, es decir, nuestra vida interior no es sino saciar nuestras necesidades afectivas, económicas, físicas… necesidades mostradas por nuestro Ego, cuando se observan carencias en cualquiera de estas materias sentimos la punzada del sufrimiento… el remedio es recomponer la imagen para la dolorosa carencia mostrada por nuestro “voraz” Ego sea asumible y menos dolorosa. Digo “voraz” porque por muy buena que sea nuestra aparente realidad todos sentimos que podríamos vivir mucho mejor mejorando cualquiera de esas tres patas que mencionaba antes: podríamos estar aún más enamorados, o tener más y mejores amigos, o un mejor trabajo o una mejor casa, o estar más sanos o con un cuerpo atlético…o ser más jóvenes, o mayores… Entiendo que esta pugna entre el Ego y la autoestima es la gran farsa de la vida. La conozco bien porque la he vivido y experimentado durante demasiados años. Y es que si vivimos doblegados por ese potente foco gravitatorio que es el Ego sucede que ignoramos por completo cual es la naturaleza del alma. Ése precisamente será el tema que sigue…

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3 Respuestas a “La trampa de la autoestima

  1. es difícil definir eso. Yo creo que el mio está por los suelos, pero con ánimos para cumplir mis objetivos

  2. Pingback: Amor a sí mismo « Siete círculos

  3. Charles Rodriguez

    Que tal. Buscando un comparativo del ego vs la autoestima, me encontré con esta página, la cual he encontrado muy interesante en los artículos que publica. De muchas formas afirmo, lo que en mi corazón mi Dios me ha mostrado en diversas ocasiones, una de estas formas, ha sido el encontrarme con estos maravillosos textos. Aun, sin embargo, me queda una inquietud que quisiera compartir.

    ¿Será acaso, que el hombre ( como escpecie en general, no como género) es capaz de amar y solo amar, sin que en su corazón, se guarde la esperanza de que algún día recibirá retribución por lo que ha dado?. De que forma nos consolamos a nosotros mismos por no tener lo que en nuestro corazón deseamos como retribución?. ¿Hasta que punto, puede una persona amar, sin hacer aún lado su “dignidad” o su salud mental, pudiendo diferenciar si las cosas las está haciendo por amor o por ego?.

    La línea entre el amor verdadero y el ego, es muy delgada… ¿cuantas personas, a lo largo de la historia, buscando la verdad, se han desviado y han cometido grandes abominaciones en nombre de Dios?

    No es mi intención levantar polémica, ni contradecir, o buscar ser convencido. Solo externo lo que he aprendido, y creo que es importante señalar que no es un proceso sencillo. Dios nos guie, para que, si estamos en el camino correcto, nos permita perseverar hasta el final y encontrar el consuelo que buscamos, las señales (sin ningún tipo de misticismo o “magia”) que nos permitan darnos cuenta de que no estamos errando el camino.

    Saludos,

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